lunes, 23 de junio de 2014

OSTRAS Y CHAMPÁN. EL ENCUENTRO ENTRE MARILYN MONROE, KAREN BLIXEN Y CARSON McCULLERS

Hace poco descubrí una foto de Marilyn Monroe con la baronesa Karen Blixen-Finecke, la autora de Memorias de Africa. Me asaltó la duda de qué podían compartir dos personalidades tan diferentes. Ilusionada con la posibilidad de que Norma Jean Baker hubiera alcanzado, por fin, junto a la célebre narradora danesa, el respeto y consideración intelectual que siempre anheló, decidí investigar los antecedentes del encuentro. Ocurrió en una fría tarde de febrero de 1959, en la casa victoriana que tenía la novelista Carson McCullers con vistas al río Hudson en Nyack, Nueva York. Allí se cumplió el deseo más ferviente de Karen Blixen durante su primera y única visita a América: conocer a Carson, su  escritora favorita, y a la bella e inteligente Marilyn. Varias fotos atestiguan este encuentro improbable pero absolutamente seductor para la imaginación. Porque, ¿qué tenían en común la anciana escritora, la glamurosa estrella y la excéntrica autora sureña? Lo relata con gran talento Eve Goldberg en Lunch with Carson, que es la base principal para esta entrada.




 Karen Blixen, que escribió bajo el seudónimo de Isak Dinesen, había sido invitada por la Fundación Ford a viajar a Estados Unidos para hablar de su trabajo, en el marco de una serie dedicada a los más grandes escritores vivos. A pesar de su maltrecha salud y sus 74 años, Karen aceptó la invitación. La élite cultural de Nueva York se volcó para agasajar  a esta gran dama de las letras. Truman Capote y el fotógrafo Cecil Beaton la llevaron a comer al St. Regis, el director de cine Sydney Lumet y la millonaria Gloria Vanderbilt la invitaron a cenar, tomó cocktails con el premio Nobel John Steinbeck, y pudo escuchar a María Callas en El Pirata.
Karen Blixen vista por Cecil Beaton
 Karen Blixen comentó a sus anfitriones que los cuatro norteamericanos que más le interesaba conocer eran Ernest Hemingway, E.E. Cummings-un poeta modernista que entusiasma a Woody Allen-, Carson McCullers y Marilyn Monroe. Hemingway se encontraba fuera del país pero Cummings pudo acompañarla a la cena anual del Academia Americana de las Artes y las Letras donde, como invitada de honor, iba a pronunciar un discurso. A la cena, Karen se sentó junto a Carson y, durante una animada conversación, descubrieron que llevaban décadas admirándose mutuamente. La aristócrata  adoraba El corazón es un cazador solitario (1940), la primera y rompedora novela de Carson. Para ésta, Memorias de África (1937) era su libro fetiche. Sobre él escribió que estaba tan deslumbrada por la poesía y la verdad de esa gran obra que, cuando llegó la noche, continuó leyendo Out of África a la luz de una linterna. Los desiertos ardientes, las junglas y las colinas abrieron su corazón a África. Como si se tratara de un ritual, Carson releía el libro de la escritora danesa cada año, para encontrar nuevas fuerzas en su sabiduría. Cuando se enteró de la visita a América de su heroína literaria, dudó si era prudente acudir a conocerla, porque la figura de Isak Dinesen estaba tan arraigada en su corazón que temía que la persona real pudiera perturbar esa imagen. Hizo lo que pudo para apartar esos temores y, pese a su frágil salud, acudió al evento organizado por la Academia. 


Tenía entonces 42 años pero, ya con 24, había sufrido un ataque cerebral que le paralizó la mitad del cuerpo. Caminaba con la ayuda de un bastón y su mano izquierda estaba curvada como si fuera un garfio. Necesitaba ayuda para vestirse, caminar, subir escaleras e incluso para comer. Pero el esfuerzo mereció la pena: las dos escritoras quedaron encantadas con su encuentro y, cuando Karen le mencionó su vehemente deseo de conocer a Marilyn, Carson se sintió realmente feliz. Como Arthur Miller estaba sentado en una mesa adyacente, se levantó y anunció: “Tengo el gran honor de invitar a mi amiga imaginaria, Isak Dinesen, a conocer a Marilyn Monroe, junto con Arthur Miller, en un almuerzo en mi casa”.


 Carson y Marilyn se habían conocido en 1955, cuando ambas vivían en el hotel Gladstone, de Park Avenue. Para Marilyn aquella fue una época de crisis personal y de transición en su carrera. A sus 29 años ya era una estrella a nivel internacional Había rodado Los caballeros las prefieren rubias y Cómo casarse con un millonario. Su sueldo era de 100.000 dólares por película, pero tenía en marcha un pleito con la 20th Century Fox, que había suspendido su contrato cuando Marilyn se negó a trabajar con Frank Sinatra. Para esta mujer, ambiciosa pero sensible, emocionalmente frágil y narcisista, lo importante no era el dinero que podía llegar a cobrar sino la dignidad y el respeto que merecía a sí misma como artista. Deseaba poder escoger sus películas, dar su aprobación al guión y al director. Todo esto, que hoy en día son privilegios habituales para las superestrellas, sonaba a excentricidad en aquella época. También su matrimonio con Joe DiMaggio había fracasado. El necesitaba una esposa hogareña, y el rodaje de la erótica escena de la falda para La tentación vive arriba fue la gota que colmó el vaso. 


En medio de aquella tormenta de problemas, Marilyn se marchó a Nueva York, donde dio una conferencia de prensa para anunciar que había creado su propia compañía, para poder interpretar la clase de papeles que le interesaban. Su primera película sería un biopic sobre Jean Harlow, la rubia platino trágicamente fallecida en los años 30. Pero la prensa se burló con crueldad de su iniciativa. Para ellos, no era más que una rubia exuberante pero tonta, como cualquiera de los personajes que encarnaba en sus comedias. Marilyn se sintió totalmente humillada y hundida. El siempre fiel DiMaggio vino una vez más a rescatarla. La llevó a una pequeña habitación en el hotel Gladstone, en pleno Manhattan, donde conoció a la sociable novelista Carson McCullers. 

Como Marilyn, Carson también se encontraba en una encrucijada de su vida cuando sus caminos se cruzaron. Había alcanzado un gran éxito con su primera novela, El corazón es un cazador solitario, publicada en 1940 con solo 22 años. Fue una auténtica sensación literaria. Los críticos destacaron en ella la asombrosa humanidad que permitía a una escritora blanca, por primera vez en la novela sureña, describir a personajes de color con más facilidad y acierto que los de su propia raza. Era una historia de cuatro solitarios en un pequeño pueblo del sur, que giran en torno al sordomudo John Singer, su personaje más acabado. La novela conseguía un perfecto equilibrio entre la tragedia y el humor, la pasión y la política. Su segunda novela, la oscura y perturbadora Reflejos en un ojo dorado, hasta dió lugar a que comparasen a la jovencísima autora con el consagrado  William Faulkner. Después vino Frankie y la boda, un gran éxito en Broadway por el que fue muy alabada  y que le reportó pingües beneficios. Mas, como los personajes de sus novelas, Carson tenía un alma atormentada. 


Cuando conoció a Marilyn Monroe, en 1955, había intentado suicidarse, tras lo cual pasó una temporada en un psiquiátrico. Su tumultuosa relación con su esposo, Reeves McCullers, con quien se casó dos veces, había terminado dramáticamente con su suicidio el año anterior. Parcialmente paralizada por la apoplejía, y enganchada al alcohol y a las pastillas, Carson vivía como una inválida desde los 35 años. Su íntimo amigo, el dramaturgo Tennessee Williams, llegó a decir que la vida de Carson era una tragedia aterradora. En su opinión, la nobleza de espíritu de Carson, su profunda comprensión de la soledad, su corazón siempre anhelante,  habían hecho de ella la más grande escritora de su país, si no del mundo.
A pesar de su invalidez, Carson se movía entre la tranquilidad de su retiro a orillas del río Hudson y el bullicio incansable de Nueva York. Tennessee Williams la animó a instalarse en el Gladstone, donde tenía asegurada la comida y la asistencia doméstica.

 Marilyn y Carson sólo podían considerarse unas amigas improbables desde una óptica superficial, pues tenían muchas cosas en común. Ambas eran perfeccionistas en lo tocante a su trabajo, eran consideradas personas “difíciles” por sus amigos y compañeros de trabajo, sufrían de inestabilidad mental, tenían que luchar contra las adicciones, y les tocó jugar el papel de perdedoras en el amor. Marilyn había intentado suicidarse tras la muerte de su novio y mentor Johnny Hyde y todavía estaba intentando superar el fracaso de su matrimonio con DiMaggio. Por su parte, Carson había tenido que soportar, durante muchos años, la bisexualidad de su esposo, lo mismo que tuvo que afrontar sus propios y conflictivos deseos homosexuales.
Una tarde, Carson invito a Marilyn a participar en una fiesta, en la cual la actriz se sentó junto al productor Cheryl Crawford. Este se sorprendido por su inteligencia y honestidad, por lo que la invitó a una sesión en el prestigioso  Actors´ Studio. Esa era la clase de vida que deseaba Marilyn, codearse con Marlon Brando, Montgomery Clift o Shelley Winters. Deseando superar su imagen de sex symbol y reinventarse a sí misma como un artista seria, acudía habitualmente a las clases del Actors´ Studio  y reforzaba ese trabajo con las clases particulares que recibía del gurú del Método, Lee Strasberg.  Al final, Marilyn ganó su batalla contra la Fox y pudo protagonizar Bus Stop, en la que demostró que era una auténtica actriz, además de conseguir un gran éxito comercial, que hizo olvidar sus fracasos previos en Río sin retornoLuces de candilejas.

 Aunque lo verdaderamente importante de esta etapa es que Marilyn se enamoró del autor teatral Arthur Miller. No puede pasarse por alto que, en la cima de su popularidad, Marilyn arriesgó su puesto en la industria cinematográfica por apoyar públicamente a Miller, cuando esté rehusó cooperar en las investigaciones del Comité de Actividades Antiamericanas. Este organismo tenía como fin acabar con los comunistas en Hollywood, una plataforma muy peligrosa para la difusión de ideologías que se consideraban equivocadas. Los amigos de Marilyn, los productores y los representantes de los estudios le suplicaron que se distanciara  del conflicto político en el que se hallaba involucrado Arthur Miller. Pero, en un acto de lealtad hacia él y de desdén por el odiado Comité, Marilyn permaneció firme al lado del escritor y se casaron poco después de la vista. Marilyn creyó encontrar con Miller la seguridad emocional que siempre se le había mostrado tan esquiva. El escritor sería acusado de desacato al Congreso por negarse a revelar nombres de los sospechosos-a diferencia de su amigo, el director Elia Kazan, que había sido  amante de Marilyn-, aunque al final Miller no fue condenado a prisión.


 La inestabilidad psíquica de Marilyn sometió su matrimonio a constantes dificultades. Para complicar aún más las cosas, el primer film de su compañía, El príncipe y la corista, estuvo cargado desde el principio con tensiones casi insoportables. Su relación con el coprotagonista y director Laurence Olivier fue desastrosa. Los desencuentros comenzaron con los ensayos y, desde entonces, la situación no hizo más que empeorar. Marilyn pensaba que Olivier no la valoraba como actriz. El británico, muy estirado, opinaba que Marilyn era una persona maleducada y poco profesional. Para remate,  la película fue un fracaso de crítica y público.

 Poco después la actriz sufrió un aborto, que intentó olvidar con una creciente adicción a las pastillas y el alcohol. A pesar de ese cúmulo de dificultades, Marilyn fue capaz, casi milagrosamente, de realizar la mejor interpretación de su carrera como la dulce Sugar Kane en Con faldas y a lo loco (1959), su segunda película a las órdenes del genial Billy Wilder.
Para Carson McCullers, el final de los años 50 estuvo marcado por un sufrimiento físico casi constante, por sus adicciones y por la desasosegante impresión de estar perdiendo su capacidad creadora. Su obra The Square Root of Wonderful (1957) sólo alcanzó 45 representaciones en Brodway. Sus amigos insistieron en que debía recibir psicoterapia y, gracias a ella, logró recuperar la confianza en su talento.


Como Carson y Marilyn, en la década de los 50 Karen Blixen había experimentado un tremendo éxito creativo, logrando fama mundial. Incluso se llegó a mencionar su nombre como candidata al premio Nobel. Sin embargo, ella siempre se sintió mas como una narradora de historias que como escritora. Esos relatos orales eran lo que había dado sentido a su vida desde que tenía 8 años. Nacida en 1885, se educó en un estricto hogar burgués en Rungstedlund, cerca de Copenhagen. Su padre, oficial militar y explorador, vivió 3 años entre los indios Chippewa de Wisconsin, y se suicidaría cuando Karen solo contaba 10 años. Tanya, o Tanne, como le gustaba que la llamasen los amigos, heredó de su progenitor el espíritu aventurero, que la llevó a pasar los mejores años de su vida en Africa. Se casó con un primo lejano sueco, el Barón Bror von Blixen-Finicke, trasladándose con él a Kenia, donde pretendieron cultivar café en una granja de montaña. En el continente africano, Karen encontró una nueva clase de libertad con la que, hasta entonces, sólo había podido soñar.

Pero su matrimonio resultó un fiasco. Su marido le era infiel e incluso le contagió la sífilis. Cuando se divorciaron, la baronesa se quedó con la plantación, aunque acabó perdiéndola. A lo largo de su vida sufrió depresión y cambios de humor. Su amor más duradero, Denys Finch Hatton, también la abandonó. El aristocrático cazador blanco moriría en un accidente de aeroplano. 



Cuando Karen tuvo que marcharse de África, el lugar al que siempre se sintió unida por una profunda conexión emocional, volvió a su tierra natal. Allí empezó a escribir con el nombre de Isak Dinesen. Su primera obra, Siete cuentos góticos, publicada en 1934, fue muy aclamada. Más tarde llegó Memorias de África, que Truman Capote consideró uno de sus los libros más bellos publicados en el siglo XX. Escribió también Cuentos de invierno (1942) y Ultimos cuentos (1957), inspirados en las sagas islandesas, los cuentos de hadas de Hans Christian Andersen, en la Biblia, Las mil y una noches y Homero. La salud de Karen Blixen era verdaderamente delicada. Estaba esquelética por un abigarrado cuadro médico: una sífilis avanzada o, quizá, los efectos de su tratamiento con mercurio; una severa  anorexia, probable resultado de la amplia resección de estomago, la única posibilidad disponible entonces para eliminar una úlcera; y su dependencia a las anfetaminas. La escritora estaba realmente muy débil cuando hizo su primer y único viaje América. Entonces pesaba poco más de 36 kilos y era una fumadora empedernida.


  Cuando se acercaba la fecha para el almuerzo convenido, Carson se sentía eléctrica y aterrorizada al mismo tiempo. Después de enterarse, en el último momento, que Karen solo comía uvas blancas y ostras y únicamente bebía champán, envió a la desesperada a su mayordomo para conseguir esos productos. Pero la ansiosa escritora pronto descubrió que no era la única que estaba de los nervios con el encuentro. Marilyn, siempre tímida e insegura, la llamó tres o cuatro veces para saber qué vestido debía ponerse, y si el protocolo mandaba que fuese largo o corto. Carson la tranquilizó asegurándole que estaría maravillosa con cualquier cosa que se pusiese. Al final llegaron los invitados. Los Miller se encargaron de recoger a Karen, tarde, cómo no, tratándose de  Marilyn. Esta entró radiante del brazo de su esposo, enfundada en un ajustado y escotadísimo vestido negro, con una estola de piel al cuello. Karen Blixen iba muy elegante con un conjunto gris oscuro y un largo chal a modo de turbante y alrededor del cuello. Carson pensó que brillaba con la luminosidad de una vela en una vieja iglesia. También participaron en el encuentro el sobrino de Carson, Jordan Masse, la secretaria de Karen, Clara Svendsen, y Felicia Geffen, secretaria ejecutiva de la Academia. 

Las uvas, las ostras y el soufflé se sirvieron en una distinguida mesa de mármol negro. Después de la comida, Karen entretuvo al grupo con una historia acerca del primer león que mató, cuya piel envió al rey de Dinamarca. Era una conversadora fabulosa y le encantaba charlar, según recordaría Carson. Marilyn escuchó la historia embelesada, con sus soñadores ojos azules bien abiertos, como una niña a la que le estuvieran contando un cuento. Miller preguntó a la anciana dama qué médico le había recomendado esa dieta tan extraña, y ella contestó que los médicos estaban horrorizados con su dieta, pero que a ellos  también les gustaban el champán y las ostras, así que no le decían nada y añadió que, fuera de la temporada de ostras, solo tomaba espárragos. Después volvió al recuerdo de sus amigos en África. 


Marilyn no se quedó a la zaga como narradora y obsequió al grupo con el relato de sus aventuras como cocinera. Una vez estaba preparando pasta casera para una fiesta con la receta de su suegra, pero se le hizo muy tarde y los invitados estaban a punto de llegar, así que tuvo que recurrir al secador de pelo para terminarla. Karen, encantada con el ingenio de Marilyn, dijo de ella que no solo era increíblemente preciosa, sino que se parecía al cachorro de un león, irradiando todo el tiempo una vitalidad incansable y una increíble inocencia. 

Las crónicas discrepan acerca de lo que sucedió después de la comida. Carson escribió que ella, Marilyn y Tanya bailaron al son de un fonógrafo, e  incluso se dijo que se encaramaron para ello a la mesa de mármol negro. Miller, en cambio, desmintió esa leyenda. Carson parecía muy enferma, estaba incluso inválida, paralizada. Simplemente no habría sido capaz de bailar encima de ninguna mesa. Sea como fuere,  todos estuvieron de acuerdo en que la reunión fue un gran éxito. Pero Carson, Marilyn y Karen nunca volvieron a encontrarse. Tres días después, la anciana escritora tuvo que ser internada en un hospital con el diagnóstico de malnutrición aguda. Los informes clínicos reseñaron que su estado era similar al de los supervivientes de los campos de concentración. Continuó con su extrema delgadez, hasta el punto de que le salían moratones solo por  tocarla. Moriría tres años después, a los 77 años. 


Marilyn sólo pudo rodar completa una película más, The Misfits, Vidas rebeldes, obra escrita por Arthur Miller y dirigida por John Houston. Tras casi cinco años de matrimonio, el escritor y la actriz se divorciaron. En 1962 la encontraron muerta por sobredosis en su casa de Los Ángeles. Sólo tenía 36 años. Carson también vivió ocho años mientras su salud se deterioraba progresivamente. En 1967 sufrió otro ataque cerebral. Murió a los 50 años, tras permanecer 47 días en coma. Fue enterrada en el cementerio de Oak Hill, a la orilla del Hudson, justo debajo de la casa donde se reunieron esas tres mujeres que, por unas breves horas, compartieron  amistad  y fueron felices en aquella irrepetible tarde de invierno de 1959.



Fuentes consultadas:
-Lunch with Carson. Eve Goldberg
-When Isak Dinesen met Marilyn Monroe. Nancy Caldwell Sorel
-Blixen, McCullers, Marilyn Monroe. Steve King


10 comentarios:

  1. Ordenando papeles, me he encontrado un artículo de Anna Caballé, siempre estupenda, comentando un libro reciente en el que Thomas Dinesen recoge su correspondencia con su hermana Tanne, Karen Blixen/Isak Dinesen, nombres diversos bajo los que esta alma nómada le encantó esconderse. Transcribo un corto párrafo muy elocuente acerca de la herida psíquica que está en la base de Memorias de Africa. Después de 17 años de intentar mantener en marcha la granja en las colinas de Ngong, volvió a Dinamarca con un desgarro anímico por haber dejado la mitad de sí al Sur, y con una dolorosa sensación de fracaso. Creyó que le sería imposible adaptarse de nuevo a su tierra natal."El sentimiento de pérdida y de fracaso personal fue tan acusado que hizo que madurara en ella una escritora excepcional."

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  2. Tu nueva entrada en el blog yo también la titularía " Breve encuentro" por la película de D. Lean; me habría gustado estar allí; tres mujeres tan dispares y de mundos tan diversos. Creo que fue un momento único y sin continuidad. A veces los destinos de las personas confluyen en un mismo punto temporal y espacial, después se vuelven a dividir para seguir sus propios rumbos. Como siempre muy bien documentado su contenido. Enhorabuena. KFK.

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    1. Es verdad, Karlos. Los anales no registran más contactos entre estas amigas por un día. Quizá se llamaron por teléfono alguna ocasión, pero aquellos tiempos no eran como estos, de móviles y correos electrónicos, ni ellas eran burguesas de provincias con todo el día por delante para las relaciones sociales. Eran mujeres muy ocupadas y seguro que no pudieron perseverar en aquella amistad que, si bien lo piensas, es muy exigente con el tiempo para cultivarla adecuadamente. Pero, como muy bien sabes, los amigos en la distancia no nos olvidamos unos de otros y tenemos el corazón siempre abierto al otro. Seguro que a ellas les pasó lo mismo. Muchísimas gracias por tu comentario, e insisto en que el mérito de la entrada es haberle dado voz en castellano a Eve Goldberg, que escribió un texto estupendo.

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  3. Muchas gracias, Encarna! Me ha encantado conocer más profundamente a estas tres mujeres tan interesantes, con vidas tan excitantes y me encanta la idea de que la amistad puede unir a gente muy distinta. Para que haya amistad solo hace falta una sola en común y a estas tres mujeres les valió para su encuentro o el hecho de ser mujeres en una época difícil, o la encrucijada que mencionas por la que pasaba cada una a su manera o que, simplemente, conectaron. Gracias Encarna, amiga, con la que conecto en la vida real y en las redes sociales!!! Marisa

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    1. Muchas gracias, Marisa.¡Qué bonita y qué gran fuerza tiene la amistad! Carson consideraba a Karen Blixen su amiga imaginaria. Estuvo dialogando con ella, interiormente, durante casi 20 años. Después maniobró lo que hizo falta para que la sentaran junto a la escritora danesa en la cena de la Academia. Y Karen Blixen no cejó hasta conocer a la dulce Marilyn/Norma Jean. Junto a ellas, el gran intelectual que fue Arthur Miller, por una vez, quedó en mera comparsa.Seguro que siguieron recordando ese breve encuentro durante el resto de sus días.

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  4. Una estupenda entrada, tanto como ese encuentro que relatas. La obra de Blixen, además de las novelas escritas, queda siempre ligada al cine por la película "Memorias de África", de mitad de los ´80, con lo que se estrechan más los lazos de este singular encuentro.
    Pero, dentro de la obra de Blixen, más allá de la historia de amor, que es la más subrayada por el cine, encontramos el documento etnográfico, de los kikuyu, las gentes a las que ella trata como personas, por las que se interesa y a quienes encomienda a aquellos que se quedasen con sus tierras. Ella marca una diferencia notable con el trato que este pueblo recibía por parte de los colonos ingleses.

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    1. Muchas gracias por tus atinadas reflexiones. Le debemos un post a Karen Blixen en Tinieblas en el corazón, que se lo tiene muy muy merecido. Hollywood, como tú bien indicas, se inclinó a fijarse más en su romance con el honorable Finch-Hatton. Las chicas nos quedamos entonces más con lo guapo que estaba Robert Redford, con el erotismo de aquel lavado de cabello en la sabana y, por supuesto, con el K.622 como sinfonía para cruzar las nubes. Ahora prestaremos más atención a los kikuyu y a ese personaje maravilloso del fiel Farad. A ver cuándo nos ponemos a ello.

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    2. Factor común de tres criaturas extraordinarias: gracia, talento, enfermedad, desamor, soledad...

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  5. Muy muy muy interesante este encuentro tan excepcional que relata. Tres almas perdidas al cabo. Suelen terminar así,a la deriva, las más sensibles y extraordinarias. Gente así no termina de encajar, cómo van a sobrevivir en un mundo como éste?
    Gracias por el texto tan interesante.

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    1. Muchísimas gracias por tu comentario. La verdad es que la primera vez que vi la foto de Marilyn y Karen Blixen me imagine que había detrás una gran historia, y así era. Todavía más interesante aún por la intervención de Carson. Como tú muy bien dices, tres almas sensibles a la deriva, y su encuentro fue mágico, por supuesto. Un placer tenerte como lectora.

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