viernes, 14 de agosto de 2026

MERCEDES BALLESTEROS GAIBROIS

 

Mercedes Ballesteros (1913-1995)

Mercedes Ballesteros Gaibrois nació del matrimonio de Antonio Ballesteros Beretta, eminente historiador, y Mercedes Gaibrois Riaño (1891-1960), quien obtuvo el Premio Duque de Alba en 1921 por su erudito trabajo sobre la Historia del Reinado de Sancho IV de Castilla y más tarde será la primera mujer que ocupará un sillón en la Academia de la Historia.

Mercedes-hija se educó en un ambiente de alta cultura. Cursó estudios de Filosofía y Letras y casó en 1932 con el escritor vanguardista y director de cine Claudio de la Torre y Millares (1895-1973). Durante la guerra, el matrimonio se refugió en Canarias, tierra natal del marido. También vivieron en Londres, donde Claudio ejercía como corresponsal de ABC desde 1966. Con este diario madrileño y con el Ya colaboró asiduamente Mercedes.

Esa obra abordaba la condición femenina
de una manera infrecuente en aquellos años

En 1951, la Sección Femenina organizó el Congreso Femenino Hispanoamericano, al que acudieron representantes de todos los sectores políticos, religiosos e intelectuales del régimen, desde Lilí Álvarez a Mercedes Ballesteros, y desde Teresa Loring a Carmen Llorca. Allí se plantearon algunas discrepancias respecto al acceso de la mujer a determinados puestos de trabajo y a profesiones liberales sin que se llegase a una solución definitiva.

Mercedes había comenzado escribiendo poesía (un libro de versos "inmundos", como ella les llamó) y debutó como autora dramática con Tienda de Nieve en 1932, pieza breve de corte vanguardista de la que luego hablaremos. Fue una escritora tan prolífica como versátil. Autora de novelas serias, premiadas, y de literatura de consumo, novelas baratas de kiosco. Hizo célebre en la revista humorística y satírica LA CODORNIZ, de Tono y Mihura, el seudónimo Baronesa Alberta

Andrés Trapiello llegó a conocerla en vida, como una de "Las Marquesas", según mote que los gitanos asiduos del Rastro madrileño les pusieron a dos señoras elegantes, de avanzada edad y educados modales, que vendían antigüedades bien escogidas en la plaza Vara del Rey. Cuenta el escritor leonés que en invierno "Las Marquesas" o "Las Inglesas" (como él las tildó) se encasquetaban orejeras de trapo y calzaban las manos con mitones de lana. Se sentaban en sendas sillas de tijeras muy tiesas las dos damas, como si fuesen hermanas, como "dos rusas blancas que tuvieran que soportar el oprobio de una decadencia infamante".

Sorprende --y recuerda las advertencias de nuestro poeta Jorge Manrique-- lo rápidamente que fue olvidada la Baronesa Alberta ("¡cuán presto se fue el placer!"), pues Mercedes Ballesteros llegó a ser personaje muy popular durante el franquismo, y no sólo como articulista cómica de LA CODORNIZ. Mercedes Ballesteros también usó el seudónimo Rocq Morris para publicar novelas de aventuras y el de Sylvia Visconti para novelas rosas. 


Su novela Taller (1960) es retrato social centrado en el trabajo femenino que recibió el prestigioso Premio Álvarez Quintero; bajo el título "Las chicas del taller" fue adaptada al teatro por Juan Ignacio Luca de Tena. Otras de sus obras, narrativas y de gran calidad literaria, obtuvieron importantes galardones, v. gr.: Eclipse de tierra (1954). El chico (1963) ganó el premio María de Molina del Ateneo de Valladolid y la importante editorial Destino publicó La sed (1965). Otras novelas suyas son Invierno (1954) y La cometa y el eco (1967).

Su comedia en tres actos Una mujer desconocida (1946) cosechó un gran éxito de público. Las mariposas cantan (1952) ganó el premio Tina Gascó en 1954. Esta obra pasa por ser la obra de teatro más personal e interesante de la autora, "una inquietante ficción escénica", según la crítica. Colaboró con su marido en la comedia Quiero ver al doctor, estrenada en el Teatro Infanta Isabel en 1941. También adaptó obras ajenas como Crimen contra reloj, de Frank Launder y Sidney Guillat, para su representación en el Teatro Alfil en 1961. Curiosa y bienhumorada, en 1954 hizo un papel secundario, como Dorotea, en el filme de Florián Rey, La moza de cántaro, adaptación de una comedia de Lope de Vega.

Cultivó también el ensayo: Este mundo (1955), Pasaron por aquí (1986), libro de memorias autobiográficas o autobiografía novelada, que pasa por ser su última obra. Dejó también una Biografía de Gertrudis Gómez de Avellaneda, célebre escritora cubano-española.


TIENDA DE NIEVE


Tienda de nieve (1932) fue, como hemos dicho, la primera obra de teatro de Mercedes Ballesteros, que escribió antes de cumplir los veinte años. Se publicó en una edición privada de 150 ejemplares. La autora la calificó de "tragedia poética", pero es más bien obra simbólica, brevísima, poética y lúdica, de un vanguardismo próximo al surrealismo y al teatro del absurdo, repleta de guiños intelectuales. Nunca ha llegado a ser representada. Obviamente, el teatro comercial madrileño de los años 30 no solía apostar por estas propuestas experimentales de autores noveles.

En esta obra, un ángel bromista promete satisfacer los deseos de otros personajes pero se divierte engañándolos y llevándoles a la desesperación. Otros personajes son: un Ángel chino, otro Ángel segundo, Blancanieve, el Sabio, Dios, el Bufón, el Fauno y el Artesano. La obra de una jornada se divide en seis momentos brevísimos. En el escenario, una casa con el letrero TIENDA DE NIEVE y a la derecha un pozo y un árbol, el suelo con hierba y flores. Dios es representado por un reflector que apunta a los espectadores. La única tragedia que el Ángel burlón no soluciona es la del Sabio filósofo, porque lo trágico es él mismo.

Con el sabio conversa el Ángel de esta manera:

ÁNGEL - ¿Quién eres?
SABIO - Soy un sabio, un filósofo.
ÁNGEL - Un sabio: un hombre que se mete cosas en la cabeza. Un filósofo: un hombre que se saca cosas de la cabeza. No comprendo.
SABIO - No te apures. Un filósofo no es una cosa que se pueda comprender, el que comprende es él.


En otro momento, el artesano ha perdido las manos y se desespera...

ARTESANO - Un artesano sin manos ya no es un artesano.
SABIO - He perdido el poco tiempo que me quedaba.
ARTESANO - Todavía puede encontrarlo. Confíe.
SABIO - Yo no puedo confiar. Un filósofo es un hombre que desconfía. Protestemos.
ARTESANO - Sí, protestemos; pero... ¿qué es protestar? Yo no sé protestar.
SABIO - Yo, sí. Un filósofo es un hombre que sabe protestar...

El Ángel chino se encuentra con la contradicción de que su ansia de libertad no es congruente con su enamoramiento:

ÁNGEL CHINO - (Paseándose impaciente .) El amor; pero ¿qué es el amor? “Para quien se libera del amor no hay temor ”. Mas, ¿cómo podría yo libertarme? ¡Ah, no! Budha no me ha atravesado con el espíritu del amor.

En la conversación entre el bufón  --que busca un remedio a sus tristezas produciendo una
contradicción con su naturaleza alegre y graciosa-- y el fauno se hace una referencia a la tristeza incurable de su existencia:

BUFÓN - Ayúdame a curar mis peores tristezas.
FAUNO - ¿Eres un enfermo?
BUFÓN - ¿Por qué? ¿Porque te pido que me cures? ¿No tienes tú acaso tristezas?
FAUNO - Sí, pero afortunadamente mis tristezas son incurables. El enfermo no es el que
sufre, sino el que quiere dejar de sufrir.
BUFÓN - Y mi enfermedad, ¿cuál es?
FAUNO - La Estética del Renacimiento.
BUFÓN - ¿Qué es la Estética del Renacimiento?
FAUNO - Tu traje.
BUFON - Sin él nadie sabría que soy un bufón.
FAUNO - Porque está hueco por dentro.

Todos los personajes persiguen deseos, el Artesano quiere ver el mar, el Sabio busca el tiempo perdido, el Ángel chino quiere liberarse y gozar la eternidad, el Fauno quiere un corazón para ser feliz. El Ángel que simboliza la luz y la bondad lleva a todos los demás a la obscuridad del pozo.

Los diálogos tienen un sentido profundo, aunque preguntas y respuestas parecen simples, expresas en un lenguaje extremadamente sencillo.

LA BARONESA ALBERTA


Revista LA CODORNIZ (1941-1978)


Entre 1940 y 1950, Mercedes Ballesteros se hizo famosa bajo el nombre de Baronesa Alberta. Usaba el formato del Consultorio sentimental y doméstico, distorsionándolo en un sentido humorístico y surreal. 

La pulcritud sintáctica y el tono patricio contrastan en sus artículos de LA CODORNIZ con el disparate de la situacióin. En el fondo late un distanciamiento o extrañamiento cómico y una fina sátira de costumbres, todo ello revestido de una lógica implacable que argumenta sobre supuestos irracionales. 

Ofrecemos al lector atento tres divertidos ejemplos:

Consejos de alta sociedad de la Baronesa Alberta

Para una recién casada atribulada:

«Dices, querida mía, que tu esposo ha desarrollado la alarmante costumbre de leer el periódico en la mesa del desayuno completamente en silencio y sin mirarte. No desesperes ni acudas a tribunales. La solución es bien sencilla: coloca mañana un trozo de mantequilla sobre la solapa de su chaqueta justo antes de que salga hacia el despacho. Si al regresar por la tarde no se ha dado cuenta, sabrás con certeza matemática que es un hombre distraído y no un marido indiferente. En caso contrario, cambia de periódico.»

Sobre la elegancia en los salones:

«Una dama distinguidísima jamás debe demostrar sorpresa si, al retirar la tapa de la sopera en un almuerzo de compromiso, encuentra dentro el reloj de bolsillo del servicio. Lo distinguido en estos casos es sonreír con levedad, tomar el cubierto de pescado y preguntar al comensal de la derecha si prefiere la hora en punto o algo más avanzada.»

Consulta sobre el servicio doméstico:

«Nos escribe una lectora desde Santander preguntando qué hacer con una doncella que rompe sistemáticamente la vajilla de porcelana china los días de lluvia. Querida amiga: el problema no es la muchacha, sino la lluvia. Prohiba usted tajantemente que llueva en el patio los días que haya sopa de fideos y verá cómo los platos permanecen intactos.»



domingo, 26 de julio de 2026

SALLY BOWLES & JEAN ROSS

 

Muestra de la femineidad y estética "flapper"
que emergió en Europa en "los felices años veinte",
primera subcultura juvenil femenina moderna

En la biblioteca de EL MUNDO confluyeron, negro sobre blanco dos, "gayos" de postín: Christopher Isherwook y Jaime Gil de Biedma. El británico es autor de Adiós a Berlín (1939, 2002); y el poeta catalán, su traductor al español. A Christopher Isherwood (1904-1986) le habían nacido en Chesire, hijo legítimo de un oficial del ejército de su Majestad, muerto en la primera guerra mundial. Empezó a estudiar medicina y descubrió su vocación de escritor en el grupo radical de intelectuales izquierdistas de Oxford al principio de los años treinta. Amigo del poeta W. H. Auden (amistad que conservaría toda su vida), con este dramatizó, literariamente hablando, y convivió íntimamente con el violnista André Mangeot.

Isherwood tuvo, pues, una educación refinada, pero abandonó voluntariamente su contexto aristocrático y elitista ("se desclasó", decíase entonces) para vivir de dar clases particulares de inglés en la pintoresca y empobrecida república de Weimar. De sus experiencias en el Berlín de entreguerras nace esta novela episódica, Adiós a Berlín (1937-1939), un libro de memorias que incluye el icónico personaje de Sally Bowles, criatura de ficción que se hará famosa por su adaptación teatral, primero, y luego al cine, en la célebre película de bob Fosse Cabaret (1972), en la que el personaje de Sally Bowles fue vitalizado divinamente por una inolvidable LIza Minnelli.


Detrrás de la alegoría o el mito de esta joven fresca y despreocupada que sobrevivía cantando, bailando y zorreando por los clubes de segundo nivel de la capital alemana en los años treinta, existió una mujer de carne y hueso, Jean Ross, joven británica, eso también, cuya verdadera vida, agudeza intelectual y convicciones políticas poco tenían que ver con la frívola y locata contrafigura ideada y fantaseada por Isherwood.

Sally Bowles es una joven "flapper" de clase alta, tan excéntrica como ingenua. Se cree que la palabra "flapper" nació de una moda específica de los años 20: llevar chanclos de goma para la lluvia (galochas) desabrochados, de modo que "aletearan" (to flap) ruidosamente al caminar. Los etimólogos no se ponen de acuerdo y muchos afirman que el término ya existía para referir a la rebeldía de las jóvenes británicas de alta cuna contra las represiones y los corsés de la educación victoriana, y que fue al revés, fueron las chicas flappers las que pusieron de moda esas botas desabrochadas, dándoles tal nombre. Las flappers fumaban, bebían, llevaban el pelo a lo garçon, sombrero ajustado, salían con hombres, bailaban charleston y oían jazz.

El carácter de Sally Bowles se define por hedonismo absoluto, ceguera política (ajena por completo a la amenaza del nazismo y a sus camisas pardas violentando las calles) y una vulnerabilidad que a veces da lástima, como de gacela herida. Tiene una idea casi infantil del placer sexual que instrumentaliza conscientemente como meretriz, bulle como un torrente en la fiesta, mientras esta inexorablemente se acaba y el mundo va fatalmente y de cabeza al desastre, en medio, paradójicamente, de un ambiente que propicia creatividad, libertinaje y barbarie política. En cierto sentido, Sally vale como heroina trágica de una elegía musical.

Jean Ross, fotografía de los años treinta del siglo pasado

Jean Ross compartió alojamiento con Isherwood en Berlin. Intentaba como Sally ser actriz y manifestaba una actitud bohemia, pero no era una cabaretera ignorante dispuesta a vivir del "pan de higo", sino una comunista convencida que acabó trabajando como corresponsal de guerra y propagandista antifascista durante la guerra incivil española. Tuvo que lamentar durante toda su vida el retrato que Isherwood había hecho de ella en la primera novela que le otorgó consideración internacional, pues la pintaba como joven superficial y apolítica que casi encajaba con el estereotipo misógino, el mismo que se da con frecuencia entre homosexuales.

Es cierto que, años más tarde, Critopher Isherwood entonaría el mea culpa y reconocería que la apatía política de Sally Bowles era más bien reflejo exacto de la suya propia y la de sus amigos varones de aquellos años.

A nosotros nos ha parecido muy interesante, digno de estudio, el flujo sentimental, ambiguo y ambivalente (en sentido freudiano) que corre de una parte a otra, entre el mismo autor que se autobiografía con nombre propio y Sally (Jean Ross), entre una chica que ama a los hombres y se entrega físicamente a ellos y un homosexual discreto, entre otros motivos porque contraviene el prejuicio del psicoanálisis ortodoxo según el cual toda relación afectiva, arbitrada entre adultos, tendría una base libidinosa o desiderativa.

Sally es maravillosa, despierta curiosidades en quienes la conocen, enamora con facilidad a uno de los mejores amigos de Christopher, pero, ¿en qué sentido conmueve a Isherwood, quien, evidentemente, no aspira a acostarse con ella? Ella lo acoje como camarada, pero también lo maltrata. Se pinta las uñas de verde esmeralda, cosa que desagrada a Isherwood:

"Un color muy mal escogido porque hacía fijarse en sus manos, que las tenía amarillentas de nicotina y tan sucias como las de una niña pequeña"

Tal vez Chris hubiese preferido --es nuestra conjetura-- que su compañera de pensión hubiese sido varón. El desparpajo para pormenorizar las relaciones sexuales que tiene con unos y otros, a los que considera --tal que nueva Circe-- unos cerdos, no sorprende a Isherwood, no le escandaliza, pero le deja pasmado. Tras verla actual en el sórdido y cargado ambiente del cabaret, describe su voz: "sorprendentemente baja y bronca"...,

"Cantaba mal, sin la menor expresión, con los brazos pegados al cuerpo, y sin embargo resultaba impresionante a su manera, debido a lo extraño de su aspecto y a su aire de no importarle un pito lo que el público opinase"... 

Cabaret, teatro de Londres

Al final, ya en la barra del club, Sally parece conocer a todo el mundo, a todos tutea y llama guapos y cariño. Isherwood no actúa, él es mero, distante espectador:

"Para una demi-mondaine parecía tener escaso tacto y sentido del negocio: perdió un largo rato insinuándose a un señor de edad que claramente habría preferido charlar con el barman".

Isherwood es comentarista fino de situaciones, tanto percatándose de la orientación sexual de los sujetos, como aludiendo literariamente a ella. Comparte esta gracia con Proust. El aspecto de Sally le gusta por su comicidad, porque no se la toma en serio.

"Era realmente bonita, con su cabeza pequeña y morena, con sus ojos grandes, con la nariz finamente arqueada, y tan absurdamente consciente de su atractivo, reclinada allí, tan complacidamente femenina como una tórtola... -- Chris, cerdo, dime de qué te ríes. -- No tengo la memor idea."

Obviamente, la respuesta de Isherwood es evasiva, o incluso falsa. Las uñas verdes de Sally parecen concentrar y focalizar su inquina, el otro lado del afecto, la repulsión que siente ante semejante femineidad animal, elemental...

"Las uñas verdes parecía que no fuesen suyas, sino que estuvieran allí de casualidad, igual que un enjambre de escarabajos, feos, duros, brillantes."

 

Mujer de cabaret, cuadro de Olivia Caballero González

Sally ofende a Christopher cuando desprecia un artículo suyo que ella misma le había solicitado para una revista. No le gusta y decide pedírselo a otra persona. El autor narra su enfado: "Es una completa zorra, pensé", y reflexiona preguntándose si se habría equivocado pensando que ella le guardaba consideración y afecto.

 "En aquel momento me habría gustado verla dar de latigazos. La verdad es que estaba tan trastornado que acabé por preguntarme si, a mi manera, no habría estado enamorado de Sally durante todo aquel tiempo."

Viene aquí a pelo una frase de Kierkegaard que recoge en un tuit Nicolás G. Valera: "El Odio es una forma de Amor fallido". Pero Isherwood reconoce que no era amor frustrado lo que motivaba en aquel momento su rabia, sino su vanidad herida al haber ella puesto en solfa su competencia y calidad literaria. No obstante, 

"No es que me importase en absoluto su opinión sobre mi artículo [¡están verdes!] --un poco sí, pero muy poco--, mis pretensiones literarias estaban por encima de todo lo que ella pudiera decir... ¡Ese temible instinto de las mujeres para calar por bajo de la comedia masculina!"

Las mujeres, el enemigo simbólico. Sin embargo, acaba por reconocer que ella le había revelado su verdadero ser como un "boceras" (un "fantasma", decimos también) con su flamante "socialismo de salón"... Se había mostrado incompetente y celoso y ahora sentía, además de rabia, vergüenza. 

Más adelante de este episodio, Christopher se vengó, un tanto involuntariamente (o "sin querer queriendo"), mandándole a un tipo sospechoso, que se reveló timador y se aprovechó y estafó a Sally, mancillando, por decirlo así, su doncellez anímica, su "buenismo". Sorprendentemente, ella no le guardó ningún rencor por ello, al menos en la novela.

***

En 1933, Christopher Isherwook abandonó Berlín huyendo del nazismo. En 1939 viajó a USA, se estableció en Hollywood, donde se asoció al misticismo hindú y devino editor y traductor del Bhagavad-gita. Por Huxley conoció a Stravinsky y por casualidad a Ray Bradbury, regalándole a este una excelente y elogiosa crítica de sus Crónicas marcianas. Tradujo también a Baudelaire y a los 48 se lió con un pintor de 18. Se dice que su mejor trabajo es A single Man (1964). Murió en Los Ángeles, ciudadano usamericano.


miércoles, 8 de julio de 2026

FRANÇOISE SAGAN

 

François Sagan (1935-2004)

Es increíble que Françoise Sagan escribiese Bonjour tristesse con dieciocho años. Sólo una mujer puede saber tanto de las sutiles entretelas del corazón a edades tan tempranas, no un varón. También ha de ser apta para la instrospección, muy inteligente y ha de contar con palabras y expresiones para referir simbólicamente a estados complejos de ánimo, a sentimientos sutiles, a emociones particulares. A esa edad se es todavía adolescente, es decir, un poco más acá del bien y del mal, porque las normas importan todavía mucho menos que los deseos y los apetitos gravitan tanto sobre el alma que a duras penas pueden ser constreñidos por leyes. Mucho menos si el padre, en lugar de representar la ley (dixit Freud), se manifiesta calavera impenitente y si la hija, como es el caso de Cécile, la protagonista de Buenos días, tristeza (1954) no quiere hacerse mayor y responsable.

Escogí la novela de entre una excelente colección heredada, atraído también a ella por la autora de su prólogo, Fanny Rubio, notable filóloga y escritora del Santo Reino. Cuenta en él cómo en 1954 el texto de la jovencísima escritora provocó y escandalizó a muchos ortopensantes de su tiempo, dada su asociación a una vida "burguesa" e incluso "aristocrática" relajadas y felices, sin mala conciencia, con güisqui, automóviles de altra gama, sexo bastante libre (todo lo libre que pueda serlo, que no es mucho), casino y farras nocturnas a discreción en la Rivière. Sus protagonistas son un cuarentón encantador, bien acomodado, y una chica de diecisiete que le sirve de cómplice y camarada en sus donjuanescas y frívolas aventuras o trajines sexuales y sentimentales. Dos vividores felices y ociosos, a los que pretende meter en vereda o sentar cabeza la sensata y fría diseñadora de moda, representada admirablemente en la película de Otto Preminger por Debora Kerr, film de 1958 inspirado bastante fielmente en la novela de marras.


Fotograma de la película de Otto Preminger (1958):
Deborah Kerr (Anne) y Jean Seberg (Cécile)

El papel de Cécile, demónica y descarada narradora de la historia en simbiosis con autora y protagonista, le cupo en suerte a una actriz tan señera como rebelde y malograda: Jean Seberg. Cécile es adolescente amoral, celosa y manipuladora, adorada por su padre Raymond (David Niven). Su corte de pelo a lo garçonne se convirtió en icono de Modernez o de lo que pudiera también llamarse crepúsculo de la Era maquiavélica (en la que todavía nos hallamos). 


David Niven y Jean Seberg, hija y padre,
en un fotograma de la película de Preminger

Raymond es viudo atractivo, adinerado, paradigma del hedonista refinado y activo, modelo de bon vivant, nada tiene que ver con los héroes atormentados de Camus o Sartre. La breve y contundente novela se transformó en un fenómeno social precisamente porque rompía con la reciente tradición de la novela existencialista y experimental, que representaba el triunfo de la autoridad, aun presuntamente contestataria y revolucionaria. Frente a la razón triste, al argumentario gris, y frente al orden o contraorden aburridos, triunfa la mirada caústica y libertina de Cécile-Sagan. Dionisios gana la partida a Apolo. Ella sólo aspira a pasárselo bien, pero eso sí, a la sombra protectora de su condescendiente y tolerante padre, al que llama Raymond.


Jean Seberg, foto de Famous Iowan

“Sagan” fue seudónimo de Quoirez el auténtico apellido de Françoise Sagan (1935-2004), quien llegó a ser también excelente dramaturga, periodista viajera, guionista, directora de cine e integrante de la Nouvelle Vague. Se la asoció igualmente a la llamada “literatura del cuerpo”. (“Sagan” es personaje secundario de la monumental obra de Proust, En busca del tiempo perdido). 

François Quoirez nació en Cajarc, Lot, un 21 de junio de 1935 y murió en Honfleur, Calvados, un 24 de septiembre de 2004. Provenía familiarmente de una saga de empresarios exitosos y terratenientes con solera. Rebelde, con carácter, fue expulsada en su adolescencia de varios colegios; estudiante indiferente, como Cécile en la novela, no llegó a graduarse en la Sorbona. En Buenos días, tristeza (1954), la protagonista-narradora se burla de la filosofía de Bergson, que formaba parte del canon entonces (no sé si también ahora) de pensadores que era preciso conocer para aprobar bachillerato (también refiere en la novela a la obligación de componer una disertación sobre Pascal). En cualquier caso, Cécile contrapone la pesadez estival de su estudio (para el examen de “selectividad”) a los placeres sensuales: “Ellos tenían una noche de amor, yo tenía a Bergson”. 

Buenos días, tristeza puede describirse como un manifiesto antiintelectualista, en un país en el que los intelectuales gozan de gran crédito (más que los toreros), una novelita (diminutivo por corta, no por su valor) a la que no le sobran palabras y cuyos silencios y entrelíneas valen su peso en oro. Muestran el inconformismo con la apremiante madurez y las maniobras clandestinas para aplazarla indefinidamente, de una niña terrible que mira el mundo con distancia y con un sentido del humor impropio de su edad, muy original.

Es curioso que en 1958, dada la ambigua e inusual relación con su padre en la novela, la autora se casase con Guy Schoeller, editor de Hachette y veinte años mayor, del que se separó dos años después para volverse a casar en 1962 con un joven playboy usamericano. Françoise tuvo un hijo y mantuvo una larga relación con la estilista Peggy Roche, lo que no le impidió echarse en brazos de un amante casado. No obstante, su hijo Denis Westhoff creó en 2010 el Prix Françoise Sagan, así que no debió hacerlo mal como madre, a pesar del frenesí de sus costumbres y del incesante cambio de partenaires convivientes.

En 1957 sufrió grave accidente conduciendo un Aston Martin. De accidente de coche muere Anne, la madura, fría y formal, protagonista de su novela, contrapunto de Elsa, la joven boba y galante. ¡Pocas veces puede verse un paralelismo más coherente entre vida y obra! Como consecuencia del accidente y de sus traumas, los médicos le administraron morfina para los dolores y Sagan se enganchó a la droga. Tuvo que desintoxicarse, pero lo cierto es que tuvo problemas desde joven con el alcohol y con los estupefacientes, lo que quiere decir que abusaba de bebida, estimulantes y calmantes. De hecho, fue condenada en 1995 por “consumo” de cocaína (eso dice la Wikipedia, "consumo", pero supongo que refiere a tenencia). François nunca renunció a sus gustos caros: vida ociosa, coches veloces, residencias lujosas, baños de sol, casas de juego, juergas nocturnas, apertura a amores ocasionales. En 1985, en un viaje a Colombia con su ilustre e ilustrado tocayo, el presidente François Mitterant, ya padeció serio accidente respiratorio. A pesar de todo ello, vivió una vida relativamente larga, casi setenta años.

En "Bonjour tristesse" (segundo verso de un poema de Paul Éluard) escribe una vez “Dios”, pero añade que no cree en Él y que usa Su nombre en lugar de “azar”. Acepta --en la onda existencialista todavía-- el fundamental absurdo de la existencia, pero su actitud no es ya la de lamerse las heridas y padecer angustia metafísica. No hay en Cécile-Françoise Sagan el menor resto del Achtung kantiano, ese respeto o veneración racional a la Ley moral. No obstante, será una musa del existencialismo de la Rive Gauche, Juliette Gréco, quien cante en la película de Otto Preminger (“C’est une déchirure, mais quel beauté!”).  

Juliette Greco en la película de Preminger (1958)

Cécile acepta bien, sin angustiarse, las paradojas del corazón: “La ternura es un grato sentimiento que arrastra como la música militar”. Aunque es capaz de arrepentirse por el daño causado con sus manipulaciones e intrigas, no le da miedo el pecado, “única nota de color que subsiste en el mundo moderno” --dice, citando a Oscar Wilde. Lo que de verdad asusta a Cécile-Sagan-Françoise es el aburrimiento y hasta la tranquilidad que lo acompaña. Por eso “mi padre y yo, para estar interiormente tranquilos, necesitábamos la agitación exterior”. Incluso el miedo y los remordimientos son preferibles al aburrimiento (tedio, esplín).

Por eso siempre se creyó más dotada para besar a un chico al sol, que para estudiar una carrera. Y nunca quiso llegar a ser una persona famosa y cargante. En lugar de eso, escribió y escribió, amó y vivió, incluso pergeñó letras de canciones.

En 1956 publicó su segunda novela, Un certain sourire, escrita en solo dos meses y dedicada a su gran amiga Florence Malraux. A estas obras se añadieron Dans un mois, dans un an (1957), Aimez-vous Brahms? (1959), Les merveilleux nuages'(1961), La chamade (1965), Des bleus à l'âme (1972), Le lit défait (1977) y Il fait beau jour et nuit (1979). Mantuvo el estilo austero de la novela psicológica francesa incluso cuando el nouveau roman estaba de moda y aburría a todos, menos a los críticos à la page

También escribió obras teatrales, como Château en Suède (1960), Les violons parfois... (1961), Le cheval évanoui (1966), Un piano dans l'herbe'(1970) y Le chien couchant (1980). En 1993 publicó sus memorias: Con toda mi simpatíaSu carrera literaria duró hasta 1998. Muchas de sus obras han merecido versión filmada. 

En 1960, en plena guerra de Argelia firmó el Manifiesto de los 121. En represalia, la organización terrorista de extrema derecha OAS colocó una bomba en casa de sus padres el 23 de agosto de 1961, pero la explosión sólo causó daños materiales. 

(La actriz que representó a Cécile en la película de Otto Preminger, Jean Seberg, merecería también una semblanza en este blog..., que dejo para otra ocasión).


domingo, 15 de marzo de 2026

MADAME DU CHÂTELET Y LA FELICIDAD

 


"Soy yo misma una persona completa, 
responsable solo ante mí por todo lo que soy, 
todo lo que digo y todo lo que hago." 
Madame du Châtelet

En general se piensa que la felicidad no es más que una utopía, una entelequia, un ideal, que no estamos hechos para la felicidad, todo lo más podemos perseguir esa moneda contante y sonante de la felicidad, que es la alegría. No obstante, qué duda cabe que la vida nos sería más grata si reflexionáramos en todo momento antes de actuar. Este es el primer consejo que nos da Madame du Châtelet en su Discours sur le bonheur, que dejó escrito en 1747, con cuarenta y un años, sintiéndose ya en la vejez y dos años antes de abandonar este mundo a causa de las fiebres que le causó su tercer parto, el de una niña que también murió prematuramente.

La inteligente amiga de Voltaire tiene muy claro que para ser feliz o, por lo menos, para pasar contentos muchas "buenas horas", es preciso conservar y barnizar (vernis) nuestras ilusiones, ya que debemos la mayor parte de nuestros placeres a la ilusión, ¡y desgraciado quien las pierde todas! Doña Emilia distingue con precisión entre ilusiones y prejuicios. Estos son opiniones que uno acepta sin examen y que uno no sostendría si los analizase racionalmente. Los prejuicios son prevenciones injustificadas, son errores y nunca estos pueden ser buenos. Tampoco hay que confundir los prejuicios con ciertas convenciones de las que depende la urbanidad y la buena educación (bienséances, composturas), verdades por convención que varían según lugar, tiempo y circunstancias.

Las ilusiones son otra cosa; no son errores, lo que hace una ilusión es mostrarnos un objeto tal y como debe ser para provocarnos sentimientos agradables, acomodándolo a nuestra naturaleza. La misma naturaleza busca agradarnos mediante ilusiones ópticas, acomodando el mundo a nuestra utilidad y buen gusto. No disfrutaríamos del teatro [ni del cine] si no nos dejásemos emocionar por la ilusión del escenario. Tal vez una no pueda darse voluntariamente ilusiones nuevas, pero al menos una puede conservar las que tiene y no empeñarse en destruirlas y destruirse.

Lo que nos hace felices es nuestra satisfacción de gustos y pasiones. Los moralistas que nos animan  a reprimir las pasiones y martirizar los deseos se equivocan, no conocen para nada la senda de la dicha. A falta de pasiones, habría por lo menos que contentarse con saciar nuestros gustos... 

"Le Nôtre tenía mucha razón al pedir al papa tentaciones en lugar de indulgencias." 

Los desgraciados e infelices se reconocen por la necesidad que tienen de otros a quienes contar sus desdichas, quejarse de sus males y suplicar remedios; los felices, sin embargo, necesitan menos de los demás, son más independientes, por eso, a menudo, el hombre feliz resulta un perfecto desconocido [recordemos el cuento de la camisa del hombre feliz, imposible hallarla porque el feliz no tenía camisa].

Es verdad que hay pasiones viciosas como el odio, pues ni siquiera la satisfacción de la venganza puede facilitarnos un verdadero disfrute y, por su parte, la ambición tiene el inconveniente de que hace depender la felicidad de circunstancias externas y voluntades ajenas. Es verdad que también las pasiones, si insatisfechas, pueden hacernos muy desgraciados, pero aún así son necesarias como condición sin la cual no podemos experimentar grandes goces. Y únicamente merece la pena vivir si obtenemos sentires y sensaciones agradables; cuando son intensas, podemos decir con toda propiedad que somos felices.

Naturalmente, ni todos los estados ni todas las edades son susceptibles de la misma clase de felicidad. Hay que saber ordenar los deseos si no queremos caer en excesos que nos lleven a la enfermedad y el dolor. Cierta sobriedad promueve placeres exquisitos y vivos. Sin la salud no se puede disfrutar de ningún placer ni gozar de ningún bien. Por eso ¡hay que conocerse!... La Marquesa reconoce que con su temperamento fogoso tuvo que renunciar al alcohol desde su primera juventud y reparar ciertas glotonerías con dietas rigurosas.

Es sensato ser virtuoso y ayuda al disfrute de la vida, porque no se puede ser vicioso y feliz. Igual que hay cuerpos contrahechos, hay almas corrompidas y malvadas, atormentadas por el suplicio de la mala conciencia o del arrepentimiento, como hay gente falsa y pérfida, condenada por ello al peor de los males, que es, para doña Emilia, el desprecio público, lo que en español llamamos "deshonra".

La vida no merecería la pena de vivirse si su único fin fuese evitar el dolor. En esto la Marquesa no sigue el ascético y refinado hedonismo de Epicuro. Para ella, la nada sería mejor que la vida si la ausencia de dolor fuese el mejor de sus estados, pues nada sufre quien ni siquiera existe. Por consiguiente, hay que esforzarse positivamente en ser feliz y no sólo en evitar el sufrimiento. Y para ello es preciso estar en buenas relaciones con una misma, aceptarse tal y como una es, y sería vano pretender disfrutar de esta satisfacción sin la virtud. 

El ojo vigilante de los dioses, para que no nos descarriemos hacia el vicio, es la propia conciencia, a la que, si es buena conciencia, podemos llamar salud del alma. Tal excelencia garantiza la estima universal, ya que ni siquiera los sinvergüenzas pueden negar su estima a la probidad.



Una debe ante todo tener claro lo que quiere ser y hacer. El arrepentimiento es uno de los sentimientos más desagradables e inútiles. Hay que precaverse e intentar desechar las ideas tristes y humillantes, sustituyéndolas por otras agradables. Por ejemplo, no conviene pensar demasiado en la muerte, a fin de cuentas "el dolor es un siglo, y la muerte un momento" (Gresset). De las ideas desagradables nacen todos los males metafísicos. Por eso hemos de creer que quien dice "sabio" dice "feliz".

El amor al estudio es una de las pasiones que pueden proporcionarnos mayores y más continuos placeres, con la ventaja añadida de su independencia. Madame du Châtelet considera esta fuente de felicidad particularmente indicada para las féminas en un mundo en que los varones tienen una infinidad de recursos disponibles para perseguir su felicidad: guerras, gobiernos, negocios, oficios que están vedados a las mujeres. Sólo el estudio puede consolar a una mujer de mundo y talento por todas las exclusiones y dependencias a que se encuentra condenada por su estado [o estadio, que hoy llamamos "patriarcado"].

Incluso el amor a la gloria es una importante ilusión: el sueño de perseverar en la posteridad por nuestras obras. ¿Qué satisfacción podemos obtener de que se hable de nosotros cuando ya no seamos? Bueno --responde doña Emilia-- de algún modo es cierto que podemos disfrutar en presente de nuestra reputación futura, aunque, en cualquier caso, sólo podamos ser felices hoy, en esta hora, hora que también está ocupada por nuestras esperanzas y reminiscencias, ya que el presente se enriquece del pasado y del porvenir. 

El móvil de nuestras mejores acciones es siempre el amor propio. El amor propio es el viento que infla las velas de nuestro navío. Pero hay que medir bien su alcance, no sólo al limitarlo con la benevolencia que el prójimo merece, sino también no proponiéndonos desear sino aquellos bienes que están a nuestro alcance y que podemos lograr sin demasiados esfuerzos o excesivos sacrificios.

A este propósito es bueno saber amar lo que uno ya posee y disfrutar de ello en lugar de estar siempre ansiando nuevas sensaciones y emociones. 

"El más feliz de los hombres es el que menos cambios de su estado desea". 

Huimos sin embargo del tedio porque nuestra alma quiere ser removida y estimulada por la esperanza o por el temor. No somos felices sino cuando nos sentimos vivos, mas nuestros gustos se saturan cuando se sacian, por eso hay que dar gracias a Dios por habernos dado la sed y el hambre.

Si bien hay que preferir la independencia y la autonomía, no obstante la pasión de la que podemos obtener los más profundos goces y los mayores placeres, es decir, la dicha más perfecta, hace depender por completo la misma de la dependencia de otros: se trata del amor, esa pasión que nos anima a agradecer al autor de la naturaleza, sea quien fuere, por habernos regalado la existencia. Los dioses han puesto esta gota celestial (el amor) en el caliz de la vida para darnos el valor de soportarla.

Sin embargo, la felicidad duradera del amor y su disfrute pleno son rarezas. Si fuera algo común, tal vez valdría más ser humano que dios. Pero una debe estar persuadida de que tal felicidad no es imposible... 

La Marquesa reconoce no saber si ha existido alguna vez un amor que haya reunido a dos personas hechas la una para la otra de tal manera que no se sacien de disfrutar de su unión, que no sufran el enfriamiento que entraña la seguridad, ni la indolencia y tibieza que nace de la continuidad del comercio (carnal) y cuya ilusión no se destruya y cuyo ardor no se debilite y pueda soportar lo mismo la salud que la enfermedad. Un amor así agotaría el poder de la diversidad o, en todo caso, sólo nace uno cada siglo. En cualquier caso, resultaría también imposible que alguien que amara tan excesivamente pudiese ser correspondido. 

Para conservar durante mucho tiempo el amor de un amante es imprescindible que lo agite la esperanza y el miedo, porque la seguridad de ser amado aburre y embota el gusto... Doña Emilia reconoce haber sido feliz durante diez años por el amor de aquel que había subyugado su alma [Voltaire]. Al fin, el sentimiento se defendió de sí mismo derivando en una apacible amistad. Esta y la pasión del estudio la sostienen ahora, cuando escribe el Discurso de la felicidad que estamos resumiendo, se siente bastante contenta, pues ya no padece sacudida por la impetuosidad pasional de los treinta años, pero eso no le hace perder la esperanza de volver a ser feliz de la manera más intensa, enamorándose.

De hecho, Madame du Châtelet, tras la ruptura de su relación íntima con Voltaire, volvió a enamorarse del caballero Saint-Lambert, trágica pasión que le aportaría un embarazo y le costaría la vida en 1749. Cuando escribe este discurso sobre la felicidad que recensionamos, dos o tres años antes, ya no hay pasión --dice-- que no pueda superar si está convencida de que no puede sino hacerla desgraciada.

Añade a esto algunos consejos valiosos: El gran secreto para que el amor no nos fastidie es no mostrarle al amante nuestro afán cuando se enfría su deseo y estar siempre un grado más fría que él, ya que nada nos degrada más que las diligencias que una hace para recuperar un corazón frío o inconstante. Lo cierto --y dramático-- es que nadie puede ser muy feliz sin amar. La locura de amor es la mejor, y sería perfecta si durara toda una vida. Pero no es el caso, aunque la coquetería pueda sobrevivirle y pueda dejar paso a una firme amistad.

Cada edad tiene sus placeres. Los de la vejez son los más difíciles de obtener. Nuestra marquesa propone: el juego y el estudio y, si uno todavía se siente capaz, cierta glotonería y consideración... Desde luego --admite-- tales entretenimientos no son más que consuelos... 

En los últimos párrafos de su Discurso, resume lo principal: Nada de prejuicios, pasiones al servicio de la felicidad, que reemplazaremos por gustos si prevemos su insatisfacción o desesperamos de su cumplimiento; consérvense las ilusiones y seamos virtuosos, pero nada de arrepentimiento [en esto parece preludiar la inquina de Nietzsche contra este sentimiento que asimila al rencor a la vida, su "así fue porque así lo quise, aun equivocado"]; alejemos de nosotros los pensamientos tristes, no permitiamos a nuestro corazón que conserve ni chispa de gusto por aquel que ya no nos quiere. 

Cultivemos el gusto por el estudio, que no hace depender nuestro bienestar sino de nosotros mismos. Preservémonos de la ambición, y sobre todo sepamos bien lo que queremos ser: decidamos la ruta que queremos tomar para pasar nuestra vida, e intentemos sembrarla de flores (et tâchons de la semer de fleurs).



Aportes intelectuales y científicos de Madame du Châtelet

Émilie du Châtelet no fue solo una figura brillante de la Ilustración, sino que probó sobradamente su excelencia científica en una época en la que a las mujeres se les negaba el acceso a la Academia, ella no solo tradujo a los grandes, sino que corrigió y amplió sus teorías. Sus logros intelectuales más significativos son:

1. La traducción y comentario de los Principia de Newton. Tal vez su logro más colosal, pues no se limitó a traducir del latín los Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, sino que hizo aportaciones propias usando el cálculo infinitesimal para explicar las teorías de Newton, algo que el británico no había hecho. Todavía hoy su traducción sigue siendo la versión estándar y definitiva en francés de la obra de Newton.

2. La defensa de la Energía Cinética. En su obra Institutions de Physique (1740), se enfrentó a la opinión de Newton y Descartes, quienes creían que la fuerza del movimiento era simplemente masa por velocidad. Du Châtelet, apoyándose en los experimentos de Willem 's Gravesande, argumentó que la energía (entonces llamada 'vis viva') dependía del cuadrado de la velocidad. Esta idea fue precursora de la famosa ecuación de Einstein.

3. La unificación de Newton y Leibniz. Madame du Châtelet tuvo la audacia intelectual de intentar reconciliar dos mundos opuestos: La física empírica y ley de gravitación de Newton, con la metafísica de Leibniz y su Principio de razón suficiente. Logró integrar la mecánica inglesa con la filosofía alemana, creando un sistema educativo de física que fue utilizado por los científicos más importantes de Francia durante décadas.

4. Investigaciones sobre la naturaleza del fuego y la luz. En 1737 participó de forma anónima en un concurso de la Academia de las Ciencias de París sobre la naturaleza del fuego. No ganó el premio, pero fue la primera mujer cuya obra científica fue publicada por la Academia. En este ensayo predijo lo que hoy conocemos como radiación infrarroja, al argumentar que la luz y el calor eran aspectos de un mismo fenómeno y que había "colores" de luz que no eran visibles al ojo humano pero que calentaban los objetos.

5. Y más allá de la física, escribió este Discurso sobre la felicidad cuyo contenido esencial hemos reproducido aquí, donde defiende que el estudio, la pasión intelectual y el amor son herramientas principales para que una mujer alcance contento en este mundo. Hemos seguido el original francés con prefacio de Élisabeth Badinter, Éditions Payot & Rivages, 2014. Su portada ilustra el principio de esta entrada.



domingo, 25 de enero de 2026

RACHEL CARSON

 

Rachel  Carson 1907-1964

"Una abeja puede transportar néctar ponzoñoso a su colmena, 
y de inmediato fabricar miel venenosa"
Rachel Carson

Si Henry David Thoreau (1817-1862) es padre de la ética ambientalista y si el entomólogo Edward O. Wilson (1929-2021) ha sido el paladín de la biodiversidad en un mundo que la pierde rápidamente, cabe a Rachel Carson, "la Dama de Maryland", el importantísimo papel de augur providencial  de los desastres que la contaminación química iba a provocar en los entornos agrícolas de Usamérica y por extensión (y supuesto "progreso") en todo el mundo, sobre todo contra la flora y la fauna silvestre y en detrimento también de nuestra propia raza...

"Por primera vez en la historia del mundo, todo ser humano se halla ahora sometido al contacto con sustancias químicas peligrosas, desde su nacimiento hasta su muerte" Primavera silenciosa, cap. 3.

Su alegato contra la eliminación generalizada de organismos causada por el abuso de biocidas (insecticidas y herbicidas), expresado con toda potencia y calidad literaria en Primavera silenciosa (o sea, primavera sin los trinos de los pájaros), provocó la reacción de las corporaciones industriales interesadas en la venta masiva de sus venenosos productos. Llegaron a tildarla de "comunista" en los tiempos de la caza de brujas, en las horas negras del macartismo. Pero Rachel Carson no era sectaria de ninguna corriente política, sino una sólida científica muy consciente del daño que los plaguicidas estaban causando ya y podrían causar a medio y largo plazo, y no sólo en la fauna y la flora silvestre, sino también en la salud y la calidad de vida de nuestra especie.

"Algunos pretendidos arquitectos de nuestro futuro avizoran una época en que será posible alterar adrede el germoplasma humano. Pero bien podría ser que ahora lo estuviéramos haciendo así inadvertidamente, porque muchas sustancias químicas, como la radiación, provocan mutaciones genéticas"



Rachel Louise Carson nació en 1907 en Springdale (Pensilvania), bióloga marina y escritora que cambió el rumbo del ecologismo moderno, falleció el 14 de abril de 1964 a los 56 años de un cuadro complejo causado principalmente por un cáncer de mama contra el que luchó durante mucho tiempo. Mientras escribía Silent Spring  ya estaba sometiéndose a terapia por radiación y cuando el libro se publicó en 1962 el cáncer ya se había extendido a sus huesos. Carson mantuvo su enfermedad en secreto mientras defendía su libro ante el Congreso de los EE. UU. y la industria química. Sabía que si sus oponentes se enteraban de que tenía cáncer, usarían esa información para desacreditar sus hallazgos, argumentando que su investigación sobre los pesticidas era un simple "ataque de pánico" personal debido a su salud.

Antes de la publicación de Primavera silenciosa ya se había ganado merecida fama por su divulgación de la belleza natural del mar con tres libros de éxito que le permitieron abandonar el trabajo burocrático para dedicarse al estudio y la escritura, oficio que ejerció con un estilo directo, afable, alegre y cautivador.

Carson se percató del efecto en cascada de los plaguicidas que no sólo afectaban a las plagas de insectos que se pretendían eliminar o contener, sino directa o indirectamente a todos los seres vivos de una región, por lo que había que llamarlos biocidas: destructores de la vida. Para demostrarlo aportó datos incontrovertibles sobre desastres medioambientales ya observados. Por denunciar estos errores fue perseguida ferozmente por las grandes empresas químicas que intentaron vetar la publicación de Primavera silenciosa y luego procuraron desacreditarle ante la opinión pública. Incluso sufrió el ataque del Departamento de Agricultura usamericano. Se le acusó de "alarmista", de carecer de formación científica, de adulterar con su "prosa lacrimógena" el beneficio de la lucha contra los insectos perjudiciales, de "histeria ambientalista" y, con ello, de fomentar el hambre en el mundo... Pero no era ya, precisamente, el hambre lo que producían las vastas extensiones de monocultivo rociadas con venenos...

"Nos han dicho que el uso enorme y en expansión de los plaguicidas es necesario para mantener la producción agrícola. Pero nuestro problema real ¿no es la superproducción?..., pagar a los agricultores para que no produzcan..., un programa de almacenaje del excedente..."

A pesar de tener a tantos poderes en contra, el Señor Tiempo, testigo insobornable y redentor de la despreciada Señora Verdad, pronto le dio la razón con creces cuando se descubrió la potencia cancerígena y destructiva de compuestos como el DDT y otras sustancias sintéticas cien o mil veces más peligrosas que el DDT, que se usaban alegremente y a granel y que se habían fumigado en cantidades insensatas y extensiones enormes durante la mitad del siglo XX. 

Carson no pregonaba la abolición de los biocidas, sino su uso razonable y con previo y serio estudio de sus consecuencias medioambientales... Proponia otros medios de contrarrestar el ataque de los insectos a los cultivos. Lo ejemplifica con el caso del escarabajo japonés que se describió por primera vez en Nueva Jersey en 1916, llegado a Estados Unidos como polizón de plantas importadas. Después de intentar frenar su expansión al este del Misisipi, gastando grandes sumas en insecticida (el venenosísimo aldrín, que era el más barato) y en peligrosas pulverizaciones, espolvoreos y rociaduras motorizadas, sin grandes resultados, resultó mucho más barato y eficaz importar las avispas que tenían a estos escarabajos a raya en su Japón de origen, así como una enfermedad bacteriana que afectaba a todos los coleópteros de la familia del escarabajo japonés, pero no a la población local de animales ni a las importantes lombrices de tierra.

"Los métodos empleados tienen que ser tales que no nos destruyan a nosotros al mismo tiempo que a los insectos".

"En condiciones primitivas de agricultura, el granjero tenía pocos problemas de insectos. Éstos surgieron con la intensificación de la agricultura: la dedicación de inmensas extensiones de terreno a un solo tipo de cultivo."

Primavera silenciosa no era sólo una llamada de atención en defensa de la naturaleza por parte de una naturalista bien informada (y consciente de la poca información que tenemos sobre la complejidad medioambiental), sino una declaración razonada de los peligros que para la salud humana y la calidad moral y estética de nuestras vidas suponía el envenenamiento masivo del campo. Ninguna persona es inmune a dicha contaminación y tampoco los organismos y microorganismos de los que depende el equilibrio natural que nos alimenta y sostiene. 

Además, Carson explicó con todo detalle y fundamento empírico el "tiro por la culata" que sigue produciéndose en la agricultura de nuestros días: las plagas se hacen resistentes y el uso de biocidas elimina involuntariamente a sus enemigos naturales, es decir, a las especies controladoras (parásitos y depredadores beneficiosos), con lo cual, cuando el insecto perjudicial vuelve, lo hace sin enemigos y fortalecido por su evolución natural, pues se ha hecho resistente al insecticida específico con el que pretendimos matarlo. Los tóxicos que utilzamos se quedan en el suelo, son transportados de un sitio a otro por las aguas y acaban causando daños imprevistos en la naturaleza y en nosotros mismos.

"Una de las cosas más importantes que deben recordarse acerca de los insecticidas en el suelo es su larga persistencia, medida no en meses, sino en años."



La obra de Carson tuvo higiénicos efectos: la prohibición del DDT y la adopción de medidas de seguridad en el empleo de plaguicidas, pero también el estudio de alternativas biológicas para contener las plagas, distintas del uso de sustancias nocivas. En la segunda mitad del siglo XX el ecologismo y la ecología se desarrollarían de manera espectacular, precisamente en EEUU, gracias en gran medida a las predicciones agoreras de Carson de que habría una "primavera silenciosa", una primavera sin el trinar de pájaros insectívoros y sin el zumbido de abejas polinizadoras y, por tanto, otoños sin frutos. Se ha dicho que sin el libro de Carson hoy seguramente no existiría Greenpeace. Su obra fue un hito imprescindible en el despertar de la conciencia ecologista.

Carson nos explicó claramente que la naturaleza no es un conjunto de piezas desconectadas entre sí, sino una "red de vida". Hoy hablamos de biocenosis o de ecosistema. Cualquier agresión a una de dichas piezas, que están ensambladas en complejas simbiosis y osmosis misteriosas, reverbera en el conjunto con resultados inesperados y casi siempre negativos para la naturaleza y para nosotros.

"Sabemos muy poco de las conexiones que unen entre sí a los organismos del suelo, con su mundo y con el mundo que tienen encima."

"También están presentes en número prodigioso ácaros microscópicos e insectos primitivos y sin alas llamados colémbolos. A pesar de su pequeño tamaño desempeñan un pepel importantísimo al descomponer los residuos de las plantas, con lo que colaboran a la lenta transformación de la hojarasca caída en el suelo del bosque." 

"En otros experimentos, el BHC, el aldrín, el lindano, el heptacloro y el DDT impidieron que las bacterias fijadoras del nitrógeno formasen los necesarios nódulos en las raíces de las plantas leguminosas. La curiosa y beneficiosa relación entre los hongos y las raíces de las plantas superiores resulta gravemente alterada." 

Carson tuvo el valor de desafiar conceptos como el de "progreso a toda costa" o el de "conquista de la naturaleza", tan equivocados como vigentes en la mentalidad norteamericana, enseñándonos que el verdadero problema no es dominar, sino armonizar. Puso de manifiesto que la aniquilación de especies bellas y útiles se añadía a la contaminación de la cadena trófica, agregándose a ella daños genéticos irreversibles y tumoraciones...: "el estéril y repugnante mundo que estamos permitiendo que nos fabriquen los técnicos".

La batalla que ayudó a emprender no se ha ganado todavía, pero aunque seguimos envenenando agua, tierra y bioesfera, y sin limitar los monocultivos, lo hacemos menos de lo que hubiéramos hecho si Rachel Carson no hubiera escrito y publicado su Primavera silenciosa, ya que cambió para siempre la manera como consideramos la naturaleza que somos y nos rodea por todas partes, pues la tecnología, si se aparta de la verdadera ciencia, usados los recursos técnicos sin conciencia y sin prever sus efectos, amenazan la vida, sobre todo porque estamos poco dispuestos a reconocer los daños que causamos con los inventos de venenos sintéticos que carecen de equivalentes en la naturaleza, insecticidas "sistémicos", o sea con capacidad para penetrar en todos los tejidos de una planta o de un animal y convertirlos en tóxicos. En California, ya en los años cincuenta del siglo pasado se usaban semillas de algodón revestidas con un "insecticida sistémico".

"El ingenio de los químicos a la hora de inventar insecticidas ya hace tiempo que ha pasado por delante del conocimiento biológico de la manera en que esos venenos afectan al ser vivo."

Carson cita el mito de Medea, hechicera que, encolerizada por los celos, obsequió a la novia de su esposo Jasón una túnica bellísima con propiedades mágicas terroríficas, quien la vistiera sufriría muerte violenta, esta muerte ha sido inventada en lo que se conoce como "insecticidas sistémicos". Los fosfatos alquílicos u orgánicos también usados como insecticidas figuran entre los venenos más potentes del mundo. Las toxinas pueden dormir largo tiempo en un cuerpo (animal o humano), para manifestarse meses y años después en un obscuro trastorno cuyos orígenes remotos desconocemos.

"Los herbicidas incluyen una larga variedad de sustancias químicas que actúan tanto en los tejidos animales como en la vegetación. Varían mucho en su acción sobre el organismo. Algunos son venenos generales, otros son poderosos estimulantes del metabolismo que causan una elevación fatal de la temperatura corporal, otros producen tumores malignos, bien solos, bien en compañía de otras sustancias químicas, otros atacan el material genético de la raza..."

En nuestro inútil esfuerzo por acabar con los insectos gracias a estos productos de laboratorio, lo que hemos conseguido, por evolución darwiniana, es crear superrazas de bichos, inmunes a un insecticida específico, por lo que hemos de usar otro cada vez más mortífero... Puede que muchas de las alergias que hoy padecen nuestros hijos, las enfermedades del sistema inmune o la esterilidad devenida, tengan que ver con este círculo vicioso y con la ingesta de estas sustancias que se han añadido a los alimentos durante varias generaciones. El aviso de Carson nos ha obligado a buscar métodos que salven las cosechas sin que causen enfermedades a los humanos.

"En el futuro puede resultar necesario analizar los suelos en busca de insecticidas antes de plantar determinados tipos de plantas de cultivo."

"Unos cuantos pasos en falso por parte del hombre pueden conducir a la destrucción de la productividad del suelo, y bien pudiera ser que los artrópodos se apoderen de él." 

"El deseo de preservar la vegetación silvestre que bordea nuestros caminos encierra algo más que consideraciones estéticas. En la economía de la naturaleza, la vegetación natural tiene un lugar esencial. Los setos vivos a lo largo de los caminos rurales y que lindan los campos proporcionan alimentos, refugio y lugares para anidar a las aves y cobijo a muchos animalillos... Esa vegetación es también el hábitat de abejas silvestres y de otros insectos polinizadores. El hombre depende más de esos animales de lo que generalmente imagina." 

Las palabras de Rachel Carson no han perdido actualidad; sus lúcidas advertencias, tampoco. Por desgracia, seguimos moviéndonos en la naturaleza como un elefante en una cacharrería. Puede que las consideradas "malas hierbas" dejen de ser tan "malas" si las estudiamos rigurosamente en su relación con el suelo y con las criaturas que viven con ellas. De hecho las necesitamos como hábitats silvestres en los que puedan mantenerse poblaciones originales de insectos y de otros organismos que nos son útiles o puedan serlo en un futuro. Hemos de aprender a gestionar la vegetación, la nuestra y la silvestre, como una comunidad viviente de la que formamos partes y a la que debemos nuestro sustento.


miércoles, 4 de septiembre de 2024

PATROCINIO DE BIEDMA



Patrocinio de Biedma (1845-1927) nació en Begíjar de una noble familia andaluza, un pueblo olivarero con algo más de 500 habitantes a seis kilómetros de Baeza (Santo Reino de Jaén). Vivió en Baeza cuando casó con quince o dieciséis años, edad frecuente entonces para tal evento, con el hijo baezano de un marqués: José María de Quadros. Mátrimonio feliz, aunque trágicamente perdió por muerte prematura y consecutiva tres hijos.

miércoles, 26 de junio de 2024

CLEOBULINA (Eumetis)



Cleobulina de Lindos (VI-V a.C.) también llamada Eumetis es recordada como eximia creadora de enigmas y forma parte de la tradición de mujeres intelectuales de la Antigüedad griega. No obstante, su realidad histórica fue puesta en duda por Crusius, quien vinculó su figura a la transmisión de las fábulas de Esopo. Wilamowitz la pensó como personaje de comedia inventado por Cratino. Sin embargo, a la vista de la diversidad de testimonios sobre su ingenio y talento, resulta difícil rechazar su relevante existencia histórica.

lunes, 17 de junio de 2024

PAPUSZA (Bronislawa Wajs)

 

Representación fílmica de Papusza. Fuente de la foto: elDiario.es

Es difícil vivir entre dos mundos. Los anfibios se las apañan, pero los humanos, a pesar de nuestra adaptabilidad y versatilidad, no somos anfibios culturales. Para Bronislawa Wajs, conocida por su nombre gitano Papusza (Muñeca), la vida no fue fácil entre dos mundos de diversas y aun de adversas costumbres: La modernidad nacional, el individualismo civil, y el fuerte y antiguo "lazo de la sangre" clánico y tribal. 

Supe de su trágica y conmovedora figura por mi amigo calé Jesús Camacho, persona también audodidacta, gran admirador de la poetisa polaca, cuya actitud considera ejemplar, en orden a la integración social del pueblo gitano y su emancipación real. En verdad, Papusza fue una heroína artista y su personaje resulta tan dramático, tan entrañable y exótico, como fascinante.

Bronislawa nació en Lublín, en la orilla derecha del río Vistula, tal vez en mayo de 1910, y las crónicas le otorgan el honor de ser la primera poetisa gitana. Su padre biológico murió en Siberia y fue criada por su madre y un padrastro alcohólico y borracho, al lado de cinco hermanastros. Llevó una vida dura y nómada, la característica entonces de su pueblo en la Polonia oriental de entreguerras, montada en el "tabor", caravana de carromatos en que conviven hombres, caballos, mujeres y niños, recorriendo los caminos rurales, de pueblo en pueblo, ofreciendo su arte y otras pericias consuetudinarias sin aceptar más normas que los atavismos propios y la autoridad de los patriarcas, todos analfabetos. 

Papusza era curiosa, quiso saber de mundo exterior, y aprendió a escribir por cuenta propia ayudada por una tendera judía. A los dieciséis años la casaron a la fuerza con un arpista hermano de su padrastro que le llevaba veinticuatro años y del que no pudo tener hijos, cosa que él le reprochó siempre sin saber si la causa de la esterilidad era propia o ajena. La pareja, sin embargo, adoptó a un niño huérfano encontrado y abandonado vivo entre cadáveres.

Marido y esposa actuaban juntos aquí y allá. Papusza cantaba y Dionisy tocaba el arpa. Ella también aprendió a interpretar con arpa y violín mientras recitaba sus versos. A su talento unía su hermosura juvenil y salvaje "como una pantera". Admitió ser coqueta y fue víctima de más de un intento de violación.



Su vida errante no le impidió componer uno de los primeros y escasos poemas relativos al exterminio gitano perpetrado por los nazis: Lágrimas sangrientas (1957), en el que expresaba tanto el sufrimiento de su pueblo como su amor por la vida y la naturaleza. El poema acaba así: 

"¡Cuánta miseria y hambre! / ¡Cuánto dolor y camino! / ¡Cuántas afiladas piedras se clavaron en los pies! / ¡Cuántas balas silbaron cerca de nuestros oídos!"

El poeta polaco Jercy Ficowski la oyó cantar y se enamoró de su talento. Tradujo los poetas de Papusza del romaní al polaco y aparecieron publicados en revistas y periódicos cuando ella tenía cuarenta años. Hablaba y escribía calé o romání, pero también hablaba polaco y leía polaco.

Sin embargo, la fama que alcanzó con ello le sirvió de muy poco entre los suyos. Sus hermanos gitanos le acusaron de vender los secretos de su raza y de sus costumbres, amenazándola y repudiándola. La misma posición de la poetisa parecía contradictoria, por una parte sus poemas constituían una elegía de la vida nómada, mientras ella misma colaboraba con las autoridades a favor del asentamiento y la alfabetización de los poco menos de quince mil gitanos polacos que sobrevivieron al holocausto.

Las autoridades socialistas, después de los horrores de la Segunda Gran Guerra, concibieron el plan de El Gran Alto, buscando el fin del nomadismo gitano, inspirándose en los conceptos de productividad, asistencia social (dependencia), pero los gitanos tendían en general a rebelarse contra una asimilación forzosa y, como siguen haciendo, son reacios a la exogamia e imponen la endogamia en un férreo régimen familiar de heteropatriarcado. Sin embargo, Papusza estaba convencida de que medidas de ese género mejorarían notablemente la difícil vida de los gitanos y sobre todo les sacaría del analfabetismo. Para ella, la educación era la única esperanza para gentes que malvivían "fuera de la historia" y el asentimiento definitivo permitiría la escolarización sistemática de los niños.

Sus razones no convencieron a su grey. El Baro Shero, cacique patriarca, la juzgó y la declaró "impura" (mahrime). Repudiada, deprimida, una severa crisis nerviosa la mantuvo ingresada en un siquiátrico de Silesia durante ocho meses. Jesús Camacho explica sus desgracias por la resistencia de los suyos a la integración social, atrapados en el clan como en una caverna platónica, contemplando las sombras de la tradición, con la mirada vuelta siempre hacia el pasado, hacia los ancestros: "sólo pueden ver lo que puede discernir su sentido físico" -escribe. Se resisten a abrirse al mundo civil, ciegos de etnicidad y soldados como lapas al peñasco del parentesco y al bullir de la sangre próxima. Habitan por ello un "círculo cerrado de convivencia", de espaldas al progreso y a la libertad, ajenos a un sentido más universal de humanidad. De este modo, de espaldas al estado civil, no pueden desarrollar sus potenciales individuales, enraizados y anclados en la tradición tribal. Camacho, gitano emancipado, concluye: "estamos obligados a dejar el estado de naturaleza y establecer una convivencia social en orden al bien común".

Papusza recuerda la figura del venerable Sócrates liberado de las ataduras, escalando hacia el exterior luminoso de las verdades eternas, y regresando luego, solidario con los suyos, con la intención pedagógica y emancipadora de hacerles ver que sólo captan sombras en aquel reducido y obscuro recinto troglodita. Pero Platón no era optimista, cuando Sócrates pretendiera la liberación de sus antiguos compañeros de presidio, estos no le creerían, no le harían ni caso, y si pudieran echarle mano hasta le matarían. A Papusza no la mataron, pero casi, condenada al ostracismo y al olvido por los suyos. Su situación empeoró con la publicación de su poemario Canciones habladas (1973). Tuvo ya que vivir aislada con los únicos apoyos de su hermana y de su anciano marido, que también requería cuidados. Falleció olvidada en la pequeña ciudad de Inowroclaw.

"¡Oh, Señor, ¿adónde debo ir? / ¿Qué puedo hacer? / ¿Dónde puedo hallar / leyendas y canciones? / No voy hacia el bosque, / ya no encuentro ríos, / ¡Oh bosque, padre mío, / mi negro padre! El tiempo de los gitanos errantes / pasó ya hace mucho. Pero yo les veo, / son alegres, fueres y claros como el agua. / La oyes correr / cuando quiere hablar / pero la pobre no tiene palabras... / el agua  no mira atrás..."  

La nostalgia parece ser, según Isabel Fonseca, la esencia de la canción gitana (Fonseca lo explica en su excelente estudio sobre el mundo de los gitanos: Enterradme de pie). Pero no es nostalgia de ninguna patria perdida ('nóstos', de donde nostalgia, significa patria en griego), porque el gitano no tiene patria, sino más bien la memoria, feliz o amarga, del largo camino perdido o recorrido.

Estatua homenaje a la poeta en Gorzów Wielkopolski.
De Stiopa - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=27061241

En 2013 se filmó una película de Joanna Kos y Krysztof Krausse sobre la vida de Papusza, que ganó el premio al mejor director en la Seminici de Valladolid. En el Museo de Auschwitz se expone el poema Lágrimas sangrientas junto a una foto de la autora. La casa donde vivió y murió Papusza al final de su vida, en Gorzów Wielkopolski, fue señalada con una placa conmemorativa y en 2008 se colocó una estatua de la poeta en un parque de la localidad (v. supra).

Canciones y vídeo sobre y de Papusza en Youtube: 

https://youtu.be/U6lG7307R5g?si=LnErYUoyzAexZ2ee

https://youtu.be/3zhufaRfGGk?si=pO_GsuMSYrKaA5wG