martes, 22 de abril de 2014

ROSER CAPDEVILLA: VIVIR ES CREAR


“Tuve la suerte de nacer con el lápiz en la mano. Para mí, la ilustración es algo que se crea en la cabeza y, cuando llega a la punta de los dedos,  plasma lo que tienes dentro”.
Pasamos de una de las ilustradoras españolas más jóvenes a una de las más veteranas, aunque siempre joven de mente y espíritu. Roser Capdevila Valls nació en Barcelona en 1939. Ya interesada desde muy joven por el dibujo, estudió en la Escola Massana de Bellas Artes. Durante 10 años se dedicó a la docencia, actividad que marcaría su quehacer artístico posterior, y que abandonó al casarse, como tuvieron que hacer la mayoría de las mujeres trabajadoras de aquella época. Durante un tiempo esta mujer inquieta y emprendedora se dedicó al diseño y  la estampación textil en una empresa familiar, actividad que dejó en 1980 para dedicarse de lleno a los libros infantiles. 

La cosidora (1981), su primer libro ilustrado, cuenta la historia de una máquina de coser desde los tiempos de su juventud hasta su vejez abandonada y sus días finales en el museo. Resultaba enternecedor el enfoque del sentimiento en un objeto inanimado, algo que explotaría largamente Pixar en la saga de Toy Story.

Poco a poco Roser va perfeccionando su estilo de trazo simple pero muy dinámico, lleno de humor y de situaciones originales. En 1983 publica el primer libro de las famosas tres mellizas, Som les tres bessones, inspirado en sus propias trillizas, Anna, Teresa y Helena, nacidas en 1969. A estas inquietas niñas, siempre acompañadas por sus ratoncitos,  la Bruja Aburrida las castiga por sus travesuras encerrándolas con su sortilegio en un cuento clásico. 



                                                                                       
Fue el origen de una exitosa colección de 30 cuentos y una serie de dibujos animados que ha dado la vuelta al mundo. Los libros han sido traducidos a 35 lenguas y la serie se ha podido ver en 158 países. Incluso se convirtió en largometraje en 2002, Las tres mellizas y Gaudí. En esta ocasión las niñas conocen al viejo y desengañado Gaudí y le convencen para que construya la Sagrada Familia. 

Incluso la Bruja Aburrida se convirtió en estrella de una serie propia, en la que cuenta sus peripecias vitales y sus viajes. Ya nació con gafas y sombrero puntiagudo.

 Pero la prolífica Roser Capdevila merece ser conocida también por sus muchas otras historias. Ha publicado  más de 300 libros de cuentos y tiene otros personajes entrañables, como Palmira, una jirafa del Zoo de Barcelona que es un poco su alter ego: apasionada por la música, lee el Avui, camina por el Paseo de Gracia y monta en Vespa. 
Roser, una mujer moderna y desenvuelta, fue una de las primeras que lo hicieron en la ciudad Condal. Sus obras siempre tienen ese sello autobiográfico que es tan característico de la creación femenina.


En 2011 Capdevilla donó un legado de más de 3.500 dibujos, litografías, grabados y cuentos a la Biblioteca Nacional de Catalunya. Su ilusión siempre ha sido hacer un trabajo de calidad, para formar adecuadamente a niños que cada vez son más nerviosos, dispersos y descarados, sobre todo en las ciudades. De esa semilla depende la humanidad del futuro. 
Uno de sus trabajos de denuncia contra el maltrato
La artista, comprometida, feminista y solidaria, ha trabajado con Unicef en campañas en favor de los derechos de la infancia, y es defensora acérrima de una enseñanza pública de calidad. También ha tratado de transmitir un mensaje ecológico, apostando por el transporte público y por los valores de la naturaleza.


 Esta gran artista también tiene una faceta plástica. Roser recicla las humildes cajas de zapatos y bandejas de porexpán en maravillosas obras de arte doméstico, como maletas, casas, cocinas o teatros de títeres, en los que cuenta historias creadas por ella misma. 

Los teatrinos son uno de sus objetos preferidos en los últimos tiempos. Para ellos crea, con la ayuda de su fiel esposo Joan Batet, los decorados, las marionetas y todos los elementos de la escenografía en la que representa sus propias narraciones.

 En 2012 puso en marcha su (pen)última aventura, El Cabaré, donde tiene lugar números de teatro, acrobacias…y se explican la vida y milagros de sus personajes. 
Uno de los aspectos esta original artista que más me gustaron la exposición del Palau Robert fueron, precisamente, estos dioramas ingenuos y encantadores, porque me hicieron darme cuenta que, para Roser, la vida es inseparable de la creación en todos los momentos del día. De hecho, lleva escritos 40 diarios, sembrados de dibujos que reflejan, con sentido crítico pero también con mucho humor, todas sus reflexiones acerca de su vida y de los acontecimientos sociales. También ilustra libretas con paisajes en acuarelas y otros muchos dibujos. En 2002 escribió una autobiografía que todavía está inédita, la cual  no incluye el grave accidente que sufrió tres años después, que le afectó a la vista.

En la "Casaca de los  Premios", Roser, siempre tan divertida, cuelga sus múltiples distinciones, entre las que destacan el Premio Nacional Audiovisual de la Generalitat Catalana en 1999, la Medalla de Oro al Mérito Cultural y Artístico del Ayuntamiento de Barcelona en 2006, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, que le fue impuesta por el Consejo de Ministros en 2009, o la Cruz de San Jorge en 2004.
 Hasta finales de abril aún podéis tener la gratísima experiencia de encontraros con ella en el Palau Robert, mientras explica su maravilloso universo creativo a los afortunados visitantes.


 Fuentes consultadas:
 -artículos en El País digital de Belén Ginart, Paula Moltañà, Rosa Rivas, Silvia Marimón y Xavier Moret
-biografía en el Museo de Ilustradores SOL y  en Vikipèdia
-programa de mano de la exposición “Llapis y…acció. Roser Capdevila dibuixa en el Palau Robert, Barcelona”





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