domingo, 10 de diciembre de 2017

MARIA SIBYLLA MERIAN

Esta extraordinaria naturalista revolucionó la entomología de su época con sus estudios y bellas ilustraciones. Hija de un artesano, se interesó por los bichos cuando todo el mundo pensaba que no habían sido creados por Dios, sino por el diablo.

Nació en Francfurt en 1647, hija de un grabador y editor suizo que la dejó huérfana muy pronto. Su madre se casó poco después con un pintor que animó a María Sibylla a dibujar y a pintar.

Fascinada por el mundo natural, creaba dibujos de insectos y plantas silvestres que ella misma capturaba o recolectaba. Eso no le impidió ser madre de dos hijos ni hacerse empresaria en Nüremberg a partir de 1667. Montó su propio taller y desarrolló un nuevo tipo de acuarela para los tejidos, un tinte que resistía lavados. Accedió a los mejores jardines de sus pupilas de familias adineradas en los que estudió la metamorfosis de las mariposas, los detalles de la crisálida, la alimentación de las orugas...


En 1675 publicó Nuevo libro de las flores. En él proporcionaba diseños para bordados. En 1679, Maravillosa metamorfosis y especial nutrición de la oruga. Poco después, en 1681, regresó a Francfurt para cuidar de su madre tras la muerte de su padrastro, y con el propósito de hacerse cargo de sus propiedades. 

María dejó a su marido en 1685 por sus "vicios vergonzosos" y se unió a la comunidad religiosa labadista, un puñado de protestantes puritanos establecidos en Frisia (Países Bajos), secta piadosa fundada por Jean de Labadie, educado por los jesuitas. En 1680, los labadistas (unos cuatrocientos) aceptaron la invitación del gobernador de la colonia holandesa de Surinam, a fin de establecer una misión en sus dominios. Sin embargo, la colonia de “Providencia” que fundaron desapareció en 1688. 

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María estudiaba las plantas tropicales que los mercaderes holandeses traían de Surinam. Se mudó a Amsterdam (1691), donde su fama como naturalista le granjeó acceso a las colecciones de las familias más poderosas. 

En 1699 se embarcó en una expedición a Surinam (Sudamérica) donde observó y pintó las especies autóctonas, nombrando, describiendo, clasificando... Escandalizada por la situación de los esclavos, descubrió una planta abortiva que usaban. En 1701 la malaria le obligó a volver a Holanda. Poco después publicó Metamorphosis Insectorum Surinamensium (1705).

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Murió en 1717, con setenta años. María Sibylla Merian había descrito los ciclos de vida de ciento ochenta y seis especies. Había combatido la vieja idea aristotélica de la generación espontánea y contribuido a sentar las bases de la Entomología científica moderna. 

Publicó sus trabajos en alemán, no en latín, que seguía siendo la lengua académica. Con el zar Pedro I y Goethe, seamos justos admiradores de sus trabajos.





domingo, 3 de diciembre de 2017

RAJAB Y EL CORDÓN ESCARLATA

Ella se llamaba Rajab, Rahab o Raab, dependiendo del traductor. No abunda su figura en la iconografía cristiana, que la presenta siempre con un cordón escarlata.

En la antigua mitología judía, Rahab significaba escándalo, tumulto, arrogancia, el abismo primordial y el nombre del dragón marino de la oscuridad y el caos. Dios lo mató para poder crear el mundo (Is 51, 9; Sal 89, 11). Rahab era también el nombre del ángel de la insolencia y el orgullo, responsable de las tempestades marinas, así como el nombre simbólico de Egipto.

Pero Rajab (etimológicamente "larga" según algunos, o "ancha" según otros) fue también la prostituta de Jericó que ayudó a los espías israelitas de Josué. Una matahari del Antiguo Testamento. Aparece salvada ("libre antes que ninguna otra alma") y feliz en el canto IX del "Paraíso" de Dante. Los versos del Dante acaban con un reproche al Papa, al que presume más interesado por las Decretales que por la lectura de la Biblia:

"Sabe, pues, que en su interior [del Paraíso celestial] es dichosa Rahab, y unida a nuestro coro, brilla en él con el resplandor más eminente. Ascendió a este cielo en el que termina la sombra que proyecta vuestro mundo, antes que ninguna otra alma se viese libre por el triunfo de Cristo. Era justo dejarla en algún cielo como trofeo de la alta victoria que Él alcanzó con ambas palmas; porque aquella mujer favoreció las primeras hazañas de Josué en la Tierra Santa que tan poco excita la memoria del Papa" (*)


Rajab aparece en bastantes textos bíblicos y, en el Nuevo Testamento, ¡nada más y nada menos que como ancestro de Cristo! En efecto, en el Evangelio de Mateo se dice que Rajab se casó y tuvo hijos, "Salmán tuvo de Rajab a Booz", de cuya descendencia nacerá Jesús de Nazaret. Así que no hay problema en reconocer que Jesús tuvo como antepasada a una prostituta. Lo cual, excuso decirlo, hace su figura más universal todavía.

La referencia de Mateo es sorprendente ya que la mención a las mujeres es rara en las genealogías semitas, tan patriarcales ellas, y sorprende aún más por ser todas las mujeres que el evangelista recuerda hembras extranjeras, lo cual ha sido interpretado por los exégetas como un énfasis deliberado a favor del universalismo mesiánico.

El caso fue que Rajab poseía una casa pegada a las murallas de Jericó en la que vivía con padres y hermanos (Jos. 2). Y fue allí donde la cananea alojó a los espías israelitas ayudándoles a escapar de sus perseguidores; primero, escondiéndoles entre cañas de lino en la azotea; después, regalándoles una cuerda para que saltaran de las murallas huyendo de los emisarios del rey de Jericó. Previamente, Rajab contó a los espías su fe en que el Dios de Israel favorecería a los de Josué, así como el temor de los habitantes ante el sitio del rey conquistador judío. A cambio de su ayuda, Rajab exigió que una vez ocupada la ciudad fueran preservados sus familiares y bienes.

O sea, que Rajab traicionó a sus compatriotas, confesando su fe en un Dios forastero y preparando su propio futuro y el de los suyos frente al previsible horror de la conquista y el saqueo. Un ejemplo magnífico de como una perspectiva, la bíblica, puede realzar y hasta santificar lo que desde otra perspectiva, la imaginaria perspectiva cananea, merecería sin duda rechazo, proscripción y rabia. Como dirá E. H. Carr: "el historiador es necesariamente selectivo" o -dicho de otro modo- siempre está influido por "la política de la memoria histórica" y la utilidad pragmática de lo que se constituye como verdad.

Más acá de estas reflexiones generales, Rajab debió de ser toda una fascinante, fuerte e influyente figura en la política de la Jericó de hace tres mil doscientos años, ¡y una excelente actriz¡, para burlar al rey de Jericó cuando este le preguntó por los espías que sabía se habían alojado en su casa.

Ella confiesa a "los exploradores" que todos los habitantes de la ciudad tiemblan ante las fuerzas israelitas que conquistan Canaán, porque han oído cómo el Señor secó las aguas del mar Rojo para que escaparan en su éxodo de Egipto y se han enterado de cómo los israelitas habían tratado a los reyes amorreos de Transjordania, a los que exterminaron. Así pues, Rajab reconoce que "vuestro Dios, es Dios tanto arriba en los cielos como abajo en la tierra" (Jos, 2, 11).

Juan Larrea(**) recoge la referencia a Rajab de la Epístola a los Corintios de Clemente Romano (obispo de Roma y tercer Papa después de Pedro), según la cual a esta ramera los espías israelitas en Jericó le indicaron que colgase una señal rojo escarlata (κóκκινον), una cinta o un cordón rojo en su casa, para declarar que la sangre de Jesús debía rescatar a quienes creen y esperan en Dios. Esta mujer estaba pues henchida no sólo de fe, sino también de profecía.

(Larrea hace una interpretación singular de la Epístola, pues según el escritor vasco Clemente representa la reacción despótica de la autoridad romana y sus presbíteros ante el verdadero espíritu profético del cristianismo oriental, suplantando de este modo al Verbo. La Carta de Clemente a los Corintios es testimonio del papismo imperialista que arremete contra el profeticismo inspirado: "Lo mismo que había hecho Platón en su República con los poetas después de alimentarse de su sustancia".)

El Nuevo Testamento considera a Rajab una heroína (Hb 11, 31): "Por la fe Rajab, la prostituta, no pereció con los incrédulos, por haber dado asilo a los espías". Y en la Carta de Santiago, 2, 25:

"¿Y Rajab, la prostituta, no fue también justificada por las obras, al recibir a los mensajeros y hacerles partir por otro camino?". 

La pregunta del desconocido autor de la Carta de Santiago es, por supuesto, retórica. Esta Carta siempre ha creado problemas en la tradición cristiana. Su autor pone precisamente a Rajab como ejemplo de su importante proclama de que la fe sin obras está muerta. Lutero excluirá esta carta del canon bíblico, precisamente por enseñar la justificación por las obras, pues según el protagonista de la Reforma protestante: "no predica a Cristo, sino la ley y una fe general en Dios". El caso es que, en lo que atañe a la prostituta cananea, la salvación la debe tanto a su fe en el Dios de Israel, como en su papel activo en la conquista israelita de Jericó.

Interesado por la poderosa figura de Rajab, acudí a la Galería de mujeres fuertes, sorprendente obra feminista escrita por el sacerdote francés Pedro Le Moyne (1602-1671) y traducida al castellano por el jesuita Julián Pombo y Robledo en 1794, interesantísima obra, tanto por su contenido como por su estilo, disponible en la Biblioteca Digital Hispánica (Biblioteca Nacional de España).  Busqué su nombre entre "Las fuertes judías" (Tomo I) y luego entre "Las fuertes cristianas" (Tomo IV). No lo hallé. Para compensar mi frustración descargué esta pintoresca décima concebida por el traductor de la obra ilustrada. La añado como colofón y homenaje a Rajab, valiente prostituta de Jericó:



(*) Traducción de M. Aranda Sanjuán, Espasa-Calpe, 1952.
(**) Juan Larrea. La espada de la paloma. "4. La Iglesia de Dios en Roma." Cuadernos americanos, México, 1956.

sábado, 9 de septiembre de 2017

LA MUJER GÓTICA. Un recorrido por la literatura, el cine y la escena.

¿Qué tiene que ver Hitchcock con la autora de Frankenstein?¿Y el ballet y la ópera románticos con la novela gótica? Y, sobre todo, ¿qué nos puede decir una visión antropológica acerca de ello?Os invito a un paseo cultural a lo largo de más de 200 años de historia, en el que la novela, la moda, el ballet, la ópera y el cine se darán la mano y nos proporcionarán las claves acerca de cómo se construyeron múltiples aspectos de nuestra cosmovisión occidental.

Female Gothic (la mujer gótica) es un texto seminal escrito por Ellen Moers en 1976 como parte de Literary Women. En él lanzaba la idea de una ficción gótica escrita por mujeres para mujeres en los siglos XVIII y XIX. El objetivo principal de ese ensayo era relacionar la creación de un monstruo en Frankenstein (1818), sin intervención de mujer, con la experiencia traumática de la maternidad en la autora, Mary Shelley. Su madre, la gran pensadora Mary Woolstonecraft, murió al traerla al mundo y, aunque ella estuvo permanentemente embarazada desde los 16 años, perdió a todos sus hijos de corta edad. Sin embargo, lo que más llamó la atención del trabajo de Moers fue ese sugerente término de “la mujer gótica”, una idea muy bien recibida por el feminismo de los años 70, que vio en ese tipo de literatura la expresión de una fuerza liberadora para las mujeres, escritoras y lectoras. El amplio cuerpo de estudios que, desde entonces, ha explorado el también llamado feminismo gótico o gótico femenino, ha puesto el acento en los esquemas argumentales repetidos en estas novelas de autoría femenina y su significación potencialmente subversiva en un contexto social oprimente para la mujer. Paradójicamente, hoy se considera que Frankenstein, la novela en la que Moers centraba su atención, no es un ejemplo de gótico femenino porque carece de heroína central, sino que más bien responde al paradigma del gótico masculino. Pero antes de seguir avanzando, debemos desarrollar brevemente el concepto de literatura gótica y cómo diferenciar de manera clara una clase y otra de novelas.
Gótico masculino y gótico femenino
Nuestro punto de partida debe ser asumir la imposibilidad de un concepto unificado de ficción gótica con unos contornos nítidamente definidos. Únicamente podemos configurarla por un conjunto de rasgos no siempre presentes: lo sobrenatural, el predominio de la fantasía, lo onírico, la transgresión, la locura, el gusto romántico por el pasado medieval, los países del sur Mediterráneo católico, con su característica iconografía de castillos, ruinas y monasterios en contraste con el norte brumoso, oscuras maldiciones genealógicas…(Tenéis un excelente estudio de dichos elementos en este enlace: http://anthropotopia.blogspot.com.es/2017/04/la-imagen-del-sur-en-la-novela-gotica.html) Había en estas obras elementos propios de las novelas bizantinas, con sus encuentros improbables y sus personajes aristocráticos, pero también del romance medieval, con su intervención de los seres del más allá. Sin duda se añadieron a ese cóctel unas gotas del Shakespeare de Hamlet y Macbeth, con sus fortalezas, fantasmas y horrendos crímenes nocturnos.

La mansión de Horace Walpole en Strawberry Hill que lanzó la moda del neogótico en arquitectura
La moda de la literatura gótica comenzó en Inglaterra en 1765 con El Castillo de Otranto. Una ficción gótica, de Horace Walpole. La novela provocó el delirio de los lectores por castillos de siniestras mazmorras gobernados por villanos atractivos pero depravados que no dudan en atrapar a inocentes jóvenes en sus retorcidos planes dinásticos. Este es el esquema general del gótico masculino, que cuenta con una narración que avanza linealmente y en el que domina el afán trasgresor de las leyes morales y naturales por parte del satánico protagonista. La violación del tabú y el exceso son igualmente el signo de identidad de El monje (1796) de Matthew Lewis, VathekUn cuento árabe (1787) de William Beckford o la más tardía Melmoth el Errabundo (1820) de Charles Maturin. En estas novelas, la protagonista femenina es una frágil damisela perseguida que hasta siente simpatía por su maltratador, el cual consigue arrastrarla hasta la demencia. Esta víctima que no se resiste, a la que se describe siempre pálida como un cadáver, es un reflejo de la mentalidad masculina de la época, que prescribía para la mujer una actitud pasiva y obediente a los deseos del hombre, sumisa a los únicos roles permitidos socialmente, los de esposa y madre. Por otro lado, también se ha visto que en esta narrativa gótica masculina los excesos de sus malévolos protagonistas, lejos de perseguir una apertura de costumbres, conseguían reforzar los valores y límites sociales transgredidos, al hacer visible la necesidad de reinstaurarlos. En cambio, en el gótico femenino la joven protagonista alcanza el estatus de auténtica heroína en su lucha contra las adversidades puestas en su camino por el villano opresor y por la sociedad que lo respalda. Viajando por desolados paisajes en busca de la madre perdida, la mujer gótica se enfrenta a lo sublime y, empeñada en esa empresa, define su verdadera personalidad. En el gótico femenino también interviene lo sobrenatural pero, con frecuencia, al término de la novela se ofrece una explicación lógica del misterio. Por lo que se refiere a su estructura, en lugar de lineal es circular: parte de una situación de conflicto hasta retornar al origen pero logrando un final feliz. Otro aspecto interesante, en cuanto a sus personajes, es la confrontación entre la intachable heroína y una mujer depravada que le sirve de réplica. Una actúa como víctima y, la otra, como depredadora.
Ann Radcliffe, la reina del terror gótico
Ann Radcliffe
A los lectores en castellano puede resultarnos un tanto incomprensible el descomunal éxito que alcanzaron las historias góticas en la Inglaterra del siglo XVIII. Entre una población con un alto nivel de alfabetización y en el marco de un amplio desarrollo del negocio editorial, la novela gótica hizo furor. En una época de revoluciones y ateismo en la que los miedos al más allá provocados desde los púlpitos ya se habían acabado, los ingleses se convirtieran en auténticos adictos a otra clase de terror, el literario. Los novelistas que adoptaron esta moda, la mayoría hoy olvidados, eran conocidos como “los terroristas”. Pero entre todos ellos la historia recuerda especialmente a una mujer, Ann Radcliffe, que se convirtió en la reina indiscutible del terror gótico, la escritora más popular y mejor pagada del momento. Y lo más curioso es que no se trataba de un caso aislado sino que hubo muchas otras escritoras profesionales en este género. Por solo citar a las más conocidas, Elisa Parsons, Anna Laetitia Barbauld, Sophia Lee y, ya en el siglo XIX, Elizabeth Gaskell, una escritora con aguda conciencia de los problemas sociales de su época y cuyas historias de fantasmas le sirvieron para presentar a la mujer en un escenario distinto del doméstico y maternal, llevando a cabo así una tarea de crítica social de su situación enclaustrada. Hasta podemos decir, parafraseando el título de una famosa novela de Miguel Delibes, que la sombra del gótico femenino es alargada. Así, una autora de enorme éxito en la primera mitad del siglo XX, Daphne du Maurier, escribió grandes historias góticas como La Posada Jamaica (1936Rebeca (1938), que Hitchcock, otro enamorado de la magia del gótico (¿cómo pasar por alto su omnipresencia en Psicosis?), se apresuró a llevar al cine. Particularmente en la película Rebeca (1940) se aprecian muy claramente los rasgos góticos de la historia: la mansión señorial, Manderley, que al final arde con el fuego purificador, como en Jane Eyre (1847).Una heroína frágil ( y hasta sin nombre, como agudamente advirtió Agatha Christie), que resiste la sombra del fantasma de la pérfida Rebeca. Y, sobre todo, la torturadora Mrs. Danvers, la inolvidable ama de llaves que asumía el papel de villano/a, con su mal disimulada pasión lésbica por su antigua ama. Y es que también se ha dicho que el gótico femenino, con sus transgresiones, es un lugar idóneo para explorar identidades sexuales alternativas.

Lo gótico, un elemento central del Romanticismo europeo
Hasta ahora hemos hablado principalmente de literatura y nos hemos centrado en Inglaterra, pero lo cierto es que se trató de un fenómeno cultural central en todos los países y en todas las artes escénicas, que vieron en lo sobrenatural y en la locura dos elementos a los que podía sacarse gran provecho a la hora de demostrar el talento de los artistas y para sacudir profundamente las emociones del público. Eran una estética y una sensibilidad radicalmente nuevas. Como afirmó Théophile Gautier, el público de París ya estaba harto de diosas y ninfas y quería brujas. Era la eclosión de una nueva cosmovisión, la de la realidad escondida en los oscuros lugares de la mente, una revuelta contra los excesos de la Razón, entronizada en el Siglo de las Luces, que abanderó con una fuerza torrencial el Romanticismo. Un ejemplo muy notable del cambio de gustos fue la sensación que causó el ballet de las monjas en la ópera Roberto el Diablo (1831), de Giacomo Meyerbeer. En un ambiente espectral, en la oscuridad iluminada solo por la luz de gas, una procesión de monjas difuntas vestidas de blanco salían de sus tumbas entre las ruinas de un claustro gótico. 
La danza en puntas, que a nosotros nos parece tan consustancial al ballet clásico, fue una innovación de esta época para poner de relieve que los personajes no eran seres vivos sino espectros venidos del otro mundo y que, por ello, se movían de otra forma. El ballet romántico por excelencia, Giselle (1841) explotó esa afición a lo irracional y mágico que se había despertado en el público, añadiendo los blancos y sutiles tutús, que representaban los sudarios de las willis, los espíritus de las jóvenes que habían muerto sin haberse casado y que se vengaban castigando a todo hombre que se adentrara en el bosque tras caer la noche. Otros elementos simbólicos de carácter gótico que podemos encontrar en este irrepetible ballet son las nubes, el claro de luna, el bosque, la evocación del pasado feudal, el sabor local germánico, los sueños, los espectros, la culpa, la locura, la fantasía, la trágica muerte de la protagonista…Hacia 1790 la sensibilidad de las heroínas comenzó a verse como la consecuencia de enfermedades nerviosas que afectaban a los personajes femeninos en una medida mucho mayor que a los hombres. Con ello se abrió camino a la exploración de los estados emocionales perturbados tan característica del Romanticismo. La locura de las protagonistas siempre se desencadena como consecuencia de la sensación de ser traicionadas, por la pérdida del amor o por un sufrimiento intenso, lo que arroja a la mujer a otra dimensión mental imaginaria en la que es capaz de soportar su dolor y puede expresar abiertamente lo que siente, contra los convencionalismos sociales que la condenaban al recato y al silencio. La pasión por la locura en la escena se desató, en el ámbito de la ópera, en 1786, con la primera versión de Nina. Sin embargo, fue Giovanni Paisiello quien, el mismo año de la Revolución francesa, otorgó al personaje de Nina, en una nueva adaptación del mismo libreto, Nina, ossia la pazza per amore, la inmortalidad entre las locas operísticas. A partir de entonces, la audiencia siempre esperaría alardes acrobáticos, de voz o de danza, en las obras representadas, pues la locura o los estados mentales alterados eran el pretexto ideal para forzar los límites de la creación artística en autores, compositores e intérpretes. En 1835 llegaron a darse cita en los escenarios dos grandes ejemplos de la demencia femenina operística, I Puritani de Vincenzo Bellini, con la locura de amor de Elvira, y Lucia de Lammermoor, que se estrenaría con enorme éxito en París en 1839, y que quizá sea un antecedente inmediato para que se incluyera en el argumento del ballet la locura danzante de Giselle. Pero podemos citar otras célebres locas y trastornadas en el mundo de la ópera, un espejo de la realidad burguesa, su público más fiel: Ophelia en Hamlet ( 1868) de Ambroise Thomas, La sonnambula (1831) de Bellini, o Linda de Chamounix (1842) de Donizetti. (Podéis encontrar más información en este enlace: http://anthropotopia.blogspot.com.es/2016/08/las-willis-antropologia-y-genero-en-el.html )

Rasgos del gótico femenino
Pero volvamos a la literatura gótica femenina de los siglos XVIII y XIX para examinar con más atención sus rasgos característicos. A diferencia del gótico masculino, que no tiene ninguna utilidad emancipadora para la mujer, las narraciones de Ann Radcliffe nos hablan de mujeres indefensas pero que se empoderan en el esfuerzo de resistir los abusos patriarcales, metaforizados en los sótanos y criptas de antiguas casas solariegas. Que Radcliffe no escribía sin más productos de consumo, sino que intentaba transmitir una tesis, se desprende con claridad del argumento de su obra más conocida, Los misterios de Udolfo, una respuesta al inmensamente célebre Emilio o la educación de Jean-Jacques Rousseau. Es, cómo esta, una novela de aprendizaje, y su protagonista, para que no haya error en el propósito de la novelista, se llama también Emily. Repasar su trama nos permitirá ver todos los rasgos del gótico femenino en acción. Emily St. Aubert queda huérfana tras la muerte de su querido padre. Un desalmado criminal italiano, Montoni, se casa con la tía de Emily, una solterona egoísta, con el retorcido plan de apoderarse de la herencia de la joven. Emily se ve apartada de su amado Valancourt y debe acompañar a la indeseable pareja a Italia, viajando por paisajes majestuosos hasta que la encierran en el castillo de Udolfo. Allí experimenta terrores sobrenaturales pero también indaga la misteriosa relación de su padre con la marquesa de Villeroi. En esa busca descubre su identidad, la anagnorisis tradicional en la tragedia griega. Al final, todos los oscuros secretos quedan explicados y el verdadero amor triunfa. La genial Jane Austen imitó a Cervantes en el Quijote al parodiar la moda de la novela gótica en su divertida obra La abadía de Northanger (1798): su protagonista, después de leer Los misterios de Udolfo, comienza a ver a todos los que la rodean como villanos.
Entre los elementos estructurales más repetidos en la novela gótica, encontramos el potente simbolismo arquitectónico de la casa. La protagonista aparece invariablemente confinada en sombríos castillos o lóbregas prisiones. Pero también pueden ser cárceles virtuales, como las redes sociales que la sujetan inexorablemente al ámbito doméstico y reprimen sus deseos de libertad. Las ruinas, un leit motiv omnipresente, representan el caos social. Un segundo aspecto a destacar es la locura, que puede concebirse también como un espacio, el territorio mental más allá de las convenciones sociales al que, con frecuencia, se ve arrastrada la protagonista para escapar de la traición masculina o del tormento insoportable al que le somete una sociedad castradora. Hasta en obras más tardías, como en el relato de Charlotte Perkins Gilman, El papel pintado amarillo (1892), en la que los elementos góticos siguen siendo bien visibles, se combinan ambos rasgos y así la casa de veraneo se convierte en un manicomio que destruye todos los sueños creadores de la trastornada protagonista, a la que solo se le permite ser esposa y madre pero no escritora. ( Tenéis amplia información sobre este extraordinario pero poco conocido relato y sobre su autora en estos enlaces: http://anthropotopia.blogspot.com.es/2016/11/locas-en-el-laboratorio-el-papel.html y http://mujeresparalahistoria.blogspot.com.es/2016/11/charlotte-perkins-gilman-y-la-new-woman.html). La dialéctica hegeliana del amo y el esclavo aflora igualmente en estas novelas como metáfora del matrimonio. Así lo expresa Charlotte Brontë por boca de la rebelde Jane Eyre, quien rechaza la propuesta inicial de Edward Fairfax Rochester, otro héroe maldito, al comprobar que quiere convertirla en concubina de su harén. Esta misma novela ilustra a la perfección otro aspecto del gótico femenino a través del personaje de Bertha Mason, la esposa demente de Rochester encerrada en Thornfield Hall. La loca del desván aparece como una proyección monstruosa de la protagonista, encarnando sus conflictos internos por su deseo de transgredir los dictados sociales (más información en http://anthropotopia.blogspot.com.es/2014/05/colonialismo-y-post-colonialismo-en.html ). Es una manifestación de una figura típica de la literatura alemana, el doppelgänger, como paradigmáticamente sucede con Mr Hyde frente al doctor Jekyll en la novela corta de Stevenson de 1886, que también muestra incontables rasgos góticos (http://anthropotopia.blogspot.com.es/2016/09/el-mito-del-doble-en-el-dr-jekyll-y-mr.html). Ese desdoblamiento lo podemos encontrar en la confrontación habitual entre la heroína y la antagonista malvada, celosa de su juventud y de su belleza y que hace todo lo posible por arruinar su felicidad. Por supuesto, siempre está el cuento de Blancanieves, otra historia gótica 100%, como referente. Pero en otras ocasiones los límites entre una figura y otra se difuminan, como sucede en otra novela muy gótica como es Drácula de Bram Stoker. Mina es primero una figura maternal pero, cuando se sexualiza, se convierte en vampiro. El personaje de Lucy, tan solicitada, muestra los peligros del flirteo y se desdobla en víctima y depredadora. La sangre en esta novela es un símbolo netamente sexual. Las novias vampiro de Drácula, a cuya sensualidad sucumbe Jonathan Harker, son al propio tiempo seductoras y repulsivas. Se ha dicho que estas figuras contradictorias expresan las ansiedades de la época victoriana antes el desafío que suponía el nuevo modelo de mujer emancipada, la New Woman.

Harker con las novias de Drácula en el esteticista film de Coppola
La mujer gótica ante la crítica
La obra de Ellen Moers dio paso a un aluvión de estudios sobre el feminismo gótico. Algunos autores han valorado muy positivamente el subtexto políticamente subversivo de las novelas de Radcliffe y sus seguidora, al expresar la insatisfacción femenina ante las estructuras patriarcales que atrapaban a la mujer en un hogar y en un cuerpo totalmente conformados por la mirada masculina. Sin embargo, para Diane Long Hoeveler, ese supuesto valor liberador resulta discutible porque las novelas góticas serían una manifestación de un feminismo victimista, al presentar a las mujeres como víctimas de un mundo patriarcal opresivo y corrupto y mostrar estrategias pasivo-agresivas y masoquistas como vía para alcanzar el triunfo. Otros estudiosos ponen de relieve que las autoras de éxito de la época (la historiadora Catherine Macaulay, Anna Laetitia Barbauld, Charlotte Smith...) no se veían a sí mismas en oposición a los autores masculinos sino como iguales a los mismos en la República de las Letras. Sea como sea, el gótico femenino, parte de un fenómeno global que sigue muy vigente en nuestros días, ha abierto una vía de estudios muy fructífera que nos permite analizar una larga tradición de obras iluminando nuestro presente.
Fuentes consultadas:
-Clamp, Rachel: The Significance of Female Identity within the Gothic Literature. 11-12-2016. Web. 1-3-2017.
-Miles, Robert: Mother Radcliff: Ann Radcliffe and the female gothic. Web. 20-7-2017
-Moers, Ellen: Female Gothic en Literary Women(1976). Web.1-3-2017.
-Wallace, Diana, y Smith, Andrew: IntroductionDefining the Female Gothic. Web. 20-7-2017.
-Wallace, Diana, y Smith, Andrew: The Female Gothic: Then and Now. 25-8-2004.Web. 1-3-2017.
-Williams, Anne: Art of Darkness: A poetics of Gothic. Web. 20-7-2017.
-El espejo gótico: La mujer en la literatura gótica. Web. 20-7-2017.

miércoles, 12 de abril de 2017

PHILLIS WHEATLEY Y LA LUCHA DE LA MUJER AFROAMERICANA


Biografía

Phillis Wheatley (1753-1784), a quien actualmente consideramos la madre de la literatura afroamericana, nació en el área de los actuales Senegal y Gambia.

A los siete años de edad, fue capturada y sometida a la esclavitud. Fue llevada al continente americano en 1761, donde en el puerto de Boston (Massachusetts) la compraron y fue convertida al cristianismo.

Su nombre, Phillis,  proviene de la goleta en la que fue transportada de África a América y su apellido, Wheatley, de John y Susanna Wheatley, la familia de comerciantes que decidió comprarla como sirvienta y doncella personal.


Una vez instalada en su nuevo hogar, los Wheatley no tardaron en descubrir la inteligencia de su nueva sirvienta y por ello se aseguraron de que recibiera una buena educación.  Prácticamente fue considerada un miembro más de la familia. Junto a los gemelos, Nathaniel y Mary, estudió teología, filosofía, astronomía y literatura; además de estudiar inglés y las lenguas clásicas.  

Bajo la influencia de la Biblia, los clásicos y escritores ingleses como John Milton y Alexander Pope, la joven africana comenzó a escribir poesía. John y Susanna Wheatley, quienes admiraban su talento, la animaron a recitar sus poemas en las reuniones sociales. En aquellas reuniones, el público quedaba perplejo ante el ingenio de Phillis. No debemos olvidar  que en la América colonial estaba caracterizada por el racismo y el esclavismo (este último más notable en los estados del sur, donde se necesitaba mano de obra para las plantaciones). Así que muchos invitados allí presentes no podían creer con facilidad que una persona negra (a la que, por lo general, se le consideraba mental y moralmente inferior) fuera capaz de escribir poemas tan exquisitos.




 Es por ello que Phillis Wheatley fue sometida a un duro interrogatorio en el que dieciocho dignatarios de Nueva Inglaterra, entre ellos el gobernador de Massachusetts, reconocieron, finalmente, su inteligencia y consideraron que tenía la suficiente destreza para haber escrito aquellos poemas. Este hecho supuso el primer reconocimiento en la historia de EEUU de la igualdad intelectual entre blancos y negros.

 Poesía

Phillis Wheatley fue la tercera mujer (después de Anne Bradstreet y Mary Rowlandson) que publicó un libro en los Estados Unidos. Su obra Poems on Various Subjects fue publicada en 1773, dos años antes de que comenzara la guerra por la independencia de los Estados Unidos.
Su obra es considerada uno de los primeros ejemplos de la literatura afroamericana y  fue utilizada por los abolicionistas para negar la inferioridad artística de los africanos. Durante muchos años, sus poemas fueron más valorados desde el punto de vista histórico que del literario. No obstante, hoy en día sus poesías son analizadas y estudiadas en los institutos y universidades de gran parte del mundo. 

En su obra poética, admirada por Voltaire y George Washington, la religión y la moral son temas fundamentales; pero también la autora dedica unos versos a su infancia en su tierra natal y a la esclavitud.  

Estrategias de auto-representación como medio para luchar contra el racismo del S.XVIII

Su poema On Being Brought from Africa to America es uno de los pocos que gira en torno a la esclavitud. En él, la autora hace uso de la auto-representación  y de la ironía retórica para acabar con los prejuicios que existían sobre su raza en aquella sociedad:  

“Fue la gracia en la que me trajo desde mi tierra pagana,
le enseñó a mi ignorante alma a entender
que hay un dios, que hay un salvador también:
Antes no he buscado ni conocía la redención.
Algunos ven a nuestra oscura raza con ojo desdeñoso,
“Su color es un hito diabólico.”           
Recordad, cristianos, negros, tanto como Caín,
podrían ser refinados y unirse al angélico tren” 

Si leemos los primeros cuatro versos de manera superficial, parece que la autora sienta gratitud por haber sido introducida en la sociedad americana y así haber podido abrazar la única fe verdadera: el cristianismo. En el primer cuarteto Wheatley se muestra así misma como una persona ignorante e ingenua, al igual que el resto de paganos de su tierra natal.


 Lejos de infravalorar a la población africana, siente una profunda lástima de que no conozcan el cristianismo. Así, expresando este sentimiento y adoptando un tono inofensivo, consigue agradar al público occidental y cristiano. Debemos tener en cuenta que en la América del siglo XVIII, aparte de la creencia sobre la inferioridad mental de la raza negra, también existía el pensamiento de que los africanos eran malvados y corruptos por naturaleza debido al color de su piel: “Su color es un hito diabólico”. Así, en el segundo cuarteto, la poeta adopta un tono acusatorio y reivindicativo en el cual desafía el prejuicio racial a través de la alusión a la injusticia: “Algunos ven nuestra raza con ojo desdeñoso”. Las palabras: cristianos, negros y Caín aparecen juntas en el séptimo verso para mostrar que tanto blancos como negros eran descendientes de Adán y Eva; por tanto, herederos del pecado original, pero igualmente ambos podían redimir sus pecados y ser salvados por dios. De hecho, si leemos el poema en inglés las palabras Cain y cane forman un juego de palabras que hace que el lector asocie a los seres humanos con la caña de azúcar, ambos susceptibles de purificación (la caña se convierte en azúcar refinada y los seres humanos purificamos nuestra alma). 

Phillis Wheatley y la revolución americana


Por lo general, la poesía política de Phillis Wheatley ha sido ignorada a lo largo del tiempo. No obstante, su poema To His Excellency General Washington, dedicado a George Washington, ha despertado cierto interés entre los críticos literarios debido a la destreza de la autora a la hora de adaptar la poesía neoclásica al contexto de la revolución americana (1765-1783).

 Este poema se escribió en 1775, un año antes de que se declarara la independencia de los Estados Unidos.  Se publicó en The Virginian Gazette y en The Pennsylvania Magazine en 1776, cuando el filósofo político, Thomas Paine, era su editor. 

El poema fue enviado (junto a una humilde carta en la que Phillis pedía disculpas por su atrevimiento) a George Washington, quien había sido nombrado recientemente comandante jefe de los ejércitos de América del Norte. A pesar de sus importantes ocupaciones, Washington decidió enviar una carta a la escritora en la que la invitaba a conocerse personalmente en su sede de Cambridge, Massachusetts, y le agradecía haberle dedicado uno de sus poemas. Se conocieron en marzo de 1776, siete años antes de que acabara la guerra de la independencia.



 En este poema, la autora muestra su admiración hacia el general Washington y su apoyo a la guerra y al movimiento independentista. Por ello,  no duda en transmitirle su mensaje esperanzador de que los patriotas (partidarios de la independencia) ganarían la guerra a los leales (aquellos que se mantenían fieles a la corona británica). 

El poema sigue las convenciones de la poesía neoclásica, ya que la autora hace uso del pareado heroico, del tono grandilocuente y de la mitología clásica (invoca a las musas y menciona a dioses clásicos) para hablar de los rebeldes y de la guerra. Sin embargo, mientras Wheatley crea esta atmósfera épica, subvierte sutilmente los objetivos grandiosos de su alabanza explícita recurriendo a la ironía cuando se refiere a América como “el cielo de la libertad que defendió la raza”, aun cuando había sido el país que la había esclavizado y todavía mantenía bajo la esclavitud a tantas personas de ascendencia africana e indígena.  

Últimos años 

Phillis se convirtió en una escritora reconocida. Viajó a Inglaterra en 1773 junto a Nathaniel Wheatley y allí conoció a un número de notables como Benjamin Franklin, el conde de Darthmouth y el alcalde de Londres. Además, recibió una copia de Paradise Lost de John Milton, la traducción de Don Quijote de Smollett, y Selina Hastings, condesa de Huntingdon y famosa misionera abolicionista, le mostró su apoyo para que continuara publicando poemas. Ese mismo año Phillis Wheatley regresó a América, donde compró su libertad y publicó Poems of a Various Subjects, Religion and Moral. 

Sin embargo, tras conseguir la libertad, su vida no mejoró. Phillis sufrió una depresión tras la muerte de John y Susanna Wheatley. Años después, contrajo matrimonio con un negro liberto llamado John Peters. Aunque ambos fuesen personas ambiciosas, no lograron conseguir un empleo que les proporcionase una buena calidad de vida. Phillis solía quedarse en casa haciéndose cargo de sus tres supuestos hijos mientras su marido buscaba trabajo.

Tras la muerte de sus tres hijos y caer en la más absoluta pobreza, John Peters abandonó a Phillis. Aun así, ella nunca se rindió. Empezó a trabajar como sirvienta mientras seguía escribiendo poesía.
Pero ni el trabajo ni sus poemas le proporcionaron la prosperidad económica que necesitaba, por lo que falleció a los 31 años.  Los poemas que escribió durante este periodo se han perdido.

Legado

En 1778, el poeta afroamericano, Jupiter Hammon, compuso una oda a Wheatley. El autor nunca se menciona a si mismo en el poema, pero tal parece que eligiendo a Wheatley como motivo, estaba reconociendo su origen común. 




El autorretrato en las obras de Phillis Wheatley y Olaudah Equiano: Estrategias de autorrepresentación
                                                                                                                          ENCARNA LORENZO
Los elementos visuales y textuales de los libros publicados por Phillis Wheatley (c.1753-1784) y Olaudah Equiano (c.1745-1797), ambos autores afroamericanos coetáneos y que influyeron en el movimiento abolicionista, ofrecen una imagen exótica pero también fiable de sus autores, contribuyendo así a contrarrestar los estereotipos raciales todavía tan arraigados en el siglo XVIII .


La manera más sencilla de examinar cómo se representaron Wheatley y Equiano es a través de los grabados que aparecen en los frontispicios de sus libros. Wheatley se representa sentada ante una mesa en la que puede verse un libro sin título, lo que podría interpretarse como una alegoría de la literatura. Lleva el pelo recogido en una cofia, signo tanto de modestia femenina como del tocado obligatorio para una esclava, condición que todavía tenía en 1773, como señalaba la inscripción alrededor del óvalo: "Servidora Negra del Sr. John Wheatley". Sin embargo, podría haber una razón más sugerente para su pose y vestimenta: con ese tocado y su actitud contemplativa, Phillis se asemeja a las antiguas Sibilas, guardianas de la llama de la sabiduría, un modelo pictórico frecuente desde el Barroco que contribuyó a dignificar a las mujeres artistas.

Domenichino, Sibila de Cumas
Mientras que Wheatley trata de presentarse como una verdadera rareza -una esclava negra sin estudios que se atreve a escribir poesía, un género difícil debido a la medida y la rima, y por las alusiones a las obras clásicas que solo eran capaces de abordar los hombres-, Equiano aparece como un caballero rico y refinado, con vestimenta elegante. Su retrato muestra a un hombre hecho a sí mismo que ha conseguido ganar su libertad y el ascenso social por medio de su inteligencia y esfuerzo. Mira a los ojos de los lectores de manera honesta, y porta la Biblia en su mano abierta por los Hechos de los Apóstoles 4.12, lo que es un guiño a los cristianos y, al mismo tiempo, una forma de revestir su persona y su obra con la autoridad de las Sagradas Escrituras.


En el título de la "Narración interesante" de su vida (1789) aparece tanto con el nombre de Olaudah Equiano, elegido por él mismo después de su manumisión -un acto que producía una profunda transformación de la condición social de los antiguos esclavos- como con el nombre de Gustavus Vassa que su dueño le impuso, añadiendo a este el apodo de "el Africano". El color de su piel junto con su aspecto europeo, y el uso simultáneo de los dos nombres, resaltaba su identidad dividida, aspecto menos visible en el caso de Wheatley.
Al comparar sus obras también aparecen similitudes y diferencias significativas entre la auto-representación de uno y otro escritor. Phillis Wheatley describe su origen en una "tierra pagana", y muestra gratitud por su redención religiosa. "On Being Brought" (Poems on Various Subjects, Religious and Moral, 1773), de los que ya ha hablado antes Marina Ivorra, demuestra que ha aprehendido la verdadera esencia del cristianismo a pesar de ser una esclava humilde, lo que la hace sentirse moralmente superior a los que solo son cristianos de nombre pero no de corazón y de actos. Tanto en ese poema ("Recuerda a los cristianos") como en "A la Universidad de Cambridge, en Nueva Inglaterra" ("Una etíope te dice que eres tu mayor enemigo"), denuncia la falsa fe cristiana. "¡Oh, vosotros, cristianos nominales!", dirá Equiano en su Narrativa, 167-168, porque sólo un falso cristiano aceptaría la esclavitud. Ambos escritores, presentándose como moralistas, compartían un objetivo político, la defensa de la campaña abolicionista.
Wheatley y Equiano estaban orgullosos de su identidad africana pero de diferentes maneras. Como ya hemos visto, Phillis se refiere a sí misma como "Etíope", aspecto que es relevante en un doble sentido: primero, como una conexión con varios personajes piadosos en el Antiguo Testamento; Y, en segundo lugar, porque los etíopes pertenecieron a un pueblo amado por los dioses griegos, como Wheatley sabía a través de la incomparable traducción que Alexander Pope había hecho de la Ilíada. Marsha Watson señala que en Terencio, el famoso comediógrafo romano, también un esclavo negro que compró su libertad, Wheatley encontró el vínculo que necesitaba entre las tradiciones africana y greco-romana. La poeta afirma su parentesco con ambas genealogías y se muestra a sí misma como la Musa Mnemosine, la Memoria, el recuerdo vivo de su pueblo largamente oprimido. Esta es la razón por la que se llama a sí misma la "venturosa Africana en su gran empeño" ("On Recollection").


Como conclusión, Wheatley y Equiano invocaron repetidamente su herencia africana, afirmando su identidad distintiva dentro de la sociedad norteamericana. Lejos de las habituales imágenes derogatorias de los negros desnudos y arrodillados, mostraban una imagen refinada y un intelecto cultivado a pesar de su falta de educación formal. Sobre todo, se presentaron como verdaderos cristianos contra la hipocresía social de ese tiempo. Mientras Equiano cuenta la difícil historia de una persona que asciende en la escala social desde lo más bajo, un antihéroe en la estela de la tradición picaresca española, la elevada poesía neoclásica de Wheatley se centró en su inspiración divina y su misión sagrada, como una nueva Sibila.

Estatua dedicada a Phillis en Washington
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
-Gibert, Teresa: American Literature. Madrid, Ed. universitaria Ramón Areces, 2009
- Gibert, Teresa: A Study Guide for American Literature. Madrid, Ed. Universitaria Ramón Areces, 2010
-Carretta, Vincent. Olaudah Equiano: African British Abolitionist and Founder of the African American Slave Narrative. 2007. Literature OnLine http://literature.proquest.comezproxy.uned.es
-Watson, Marsha: A Classic Case: Phillis Weatley and Her Poetry. 1996. Literature OnLine http://literature.proquest.comezproxy.uned.es

miércoles, 22 de marzo de 2017

OLIVA SABUCO

En memoria de Eduardo Ruiz Jarén, 
gran amador de Oliva y de la Filosofía humanista

Acuarela de José Rodríguez Expósito para mi presentación de
 "La actualidad de la Nueva Filosofia de Oliva Sabuco".
III Congreso Internacional Oliva Sabuco, Alcaraz, Albacete (2010)

Contemplando la curva de ballesta del Alto Guadalquivir desde una biblioteca atalaya del sur, miro al noreste y más allá de las crestas azuladas de las sierras de Cazorla y Segura. Por allí, en Alcaraz (Albacete), el 2 de diciembre de 1562 nació Oliva, hija de Francisca Cózar y de Miguel Sabuco. Tomó apellidos literarios de dos madrinas, así que su obra, la Nueva Filosofía de la Naturaleza del hombre, salió en Madrid en 1587 "escrita y sacada a la luz" por doña Oliva Sabuco de Nantes y Barrera y dedicada al Rey Felipe II, con una deliciosa carta en que doña Oliva, desposada en 1580 con Acacio Buedo, se presenta como humilde sierva de su Católica Majestad, rogándole que, como caballero de alta prosapia, favorezca a las mujeres en sus aventuras.

Obedezco a la autora de la epístola nuncupatoria. Favorezco a doña Oliva, aunque su autoría resulte discutible por motivos que ahora no vienen al caso. Pero indicaré por lo menos que se ha pretendido sustraer a doña Oliva la maternidad de la Nueva Filosofía para dársela a su padre, el bachiller don Miguel Sabuco quien, además de boticario, parece ser (tampoco esto es seguro) que ejerció como procurador síndico y letrado. Tal es el caso contemporáneo de Domingo Henares, campeón de "los miguelistas" y gran conocedor, editor, traductor e intérprete de la obra y su contexto (Miguel Sabuco. Nueva Filosofía..., Diputación de Albacete, 2009), quien sin duda cuenta con buenas razones dialécticas y documentales para proclamar autor a Miguel, aunque en ningún caso resulten de una evidencia que nos proporcione certeza definitiva de que Oliva no la escribió o, al menos, de que no participó en la confección de esta obra única y enigmática. Para eso tendríamos que inventar un túnel del tiempo.

En algún caso, y de otro modo menos erudito, se ha pretendido ningunear a Oliva con el peregrino "argumento" machista de que tanto talento resulta inconcebible en una mujer. Sin comentarios. El caso fue que Lope llamó a doña Oliva "décima musa" y ni Menéndez Pelayo ni Feijoo ni Fernando de Castro dudaron de la autenticidad de la firma "olivista" de este raro monumento de la prosa didáctica castellana de nuestro Renacimiento. Doña Oliva pudo adquirir su sólida formación humanística del maestro y humanista Pedro Simón Abril, al que debemos una espléndida traducción de la Ética a Nicómaco que tuvo que esperar al XX para ser editada (¡así tratamos a nuestros sabios y a sus labores!), y pudo haber sido instruida por otros doctores y licenciados a los que sabemos trató, y por los libros y por su buen sentido, alimentado por una cultura rural y femenina que asoma sobre todo en las páginas españolas de su obra, más que en las latinas.

Tuve la suerte de conocer a María Colomer Vintró en el III Congreso celebrado en Alcaraz en 2010 y dedicado a Oliva y a su Nueva Filosofía. Esta eminente hispanista es corresponsable con Mary Ellen Waithe y C. Ángel Zorita de la primera edición inglesa de la obra: «New Philosophy of Human Nature: Neither Known to Nor Attained by the Great Ancient Philosophers, Which Will Improve Human Life And Health» (University of Illinois, 2006). Me emocionó entonces la anécdota que nos contó sobre su primer contacto con la Nueva Filosofía. Resulta que ella descubrió sorprendida la obra de Oliva como una de las primeras que conformó la Biblioteca del Congreso de EEUU, que es hoy una de las mayores del mundo. Luego, con los oportunos permisos, accedió a consultar una edición princeps en el sancta sanctorum de dicha Biblioteca, quedando ya para siempre enamorada de la obra y de su autora.

En un librito muy bien documentado (Oliva Sabuco, Junta de Castilla la Mancha, 2008), la profesora sevillana Rosalía Romero Pérez reinvindica la autoría para Oliva, dando valor a la posibilidad de que el padre, al reclamarla en un documento testamentario conocido (en el que amenaza con maldecir a su hija si esta se empeña en mantenerla), buscara con ello exculparla de todo delito de hechicería o eximirla de la condición de "sanadora", en una España que cerraba políticamente las puertas a las novedades y a la creación intelectual femenina, con las armas de los decretos reales y el temido brazo de la Inquisición. En el mismo año, la editorial Manuscritos reeditó el libro de Eduardo Ruiz Jarén: Oliva Sabuco: filosofía y salud, con prólogo de J. Biedma L.

Tanto la originalidad de la Nueva Filosofía como la extraña y tormentosa relación de la hija y el padre (que casó en segundas nupcias con una mujer de la edad de su hija) han estimulado la creación literaria de autores como Virginia Ferrer, profesora de la Universidad de Barcelona, con su novela Recuerda Mundo (Barcelona 2008), donde recrea en clave feminista el mensaje ecologista, irenista y armonista de la autora alcaraceña. Y recientemente contamos con un relato del conocido cuentista José María Merino, Musa Décima.

En busca de doña Oliva Sabuco

Al margen de los problemas y polémica sobre la autoría, la Nueva filosofía es una obra extraordinaria y anticipadora, aun manteniendo una cosmología y un imaginario más propios de la Edad Media que de la kepleriana. La autora quiere ayudar a los hombres a conocerse a sí mismos, indagando y reflexionando sobre las causas naturales que hacen al hombre crecer y conservar la salud, o decrecer, enfermar y morir prematuramente. Para ello echa mano de Plinio, de Platón y de otros autores clásicos, a los que ensaya armonizar coherentemente con la patrística y la sabiduría bíblica. La autora (o el autor, o los autores..., hoy incluso se especula con que todos o algunos de los textos de la Nueva Filosofía pudieran ser de Pedro Simón Abril o del mismísimo Luis Vives...) tiene el coraje de arremeter contra la medicina tradicional de Aristóteles, de Hipócrates y de Galeno, y contra el creciente poder de médicos y letrados.

Desarrollada a la manera socrática en diálogos sostenidos por pastores filósofos, uno de los cuales, Antonio, sería el alterego de la autora, La tesis central de esta obra es que el orden, o el desorden afectivo de la mente, producen efectos físicos beneficiosos, o enfermedades. Afirma así una estrecha dependencia entre la mente y el cuerpo, pionera de la Psicosomática, unidad entre el cerebro o raíz del organismo, y sus miembros, a los que compara con las "ramas" de una especie de árbol del revés. El hombre es un microcosmos y un espejo de la complejidad del universo; no un dios, razón por la cual debe evitar la soberbia; ni un animal, motivo por que debe aprender a controlar sus afectos.

Oliva adopta un criterio "moderno", esto es, empírico y racional, de acuerdo al cual prescribe una terapia práctica para remediar los males que causan en el hombre los malos sentimientos. Los yerros que traen perdido al mundo y sus repúblicas son consecuencia de estar desconocida la naturaleza del hombre, tan errados están los médicos, pues no han entendido que la causa principal de las enfermedades es el descontento, como equivocada la filosofía que les ha servido de principio en "las escuelas".

El hombre es el único ser que tiene "dolor entendido", espiritual, de lo presente, congoja de lo pasado y cuidado de lo porvenir. El enojo, o pesar, es el principal enemigo de la naturaleza humana. Por eso doña Oliva nos da sensatos consejos para atenuar la discordia entre el cuerpo y la mente de la que nace el descontento, y granjearnos la armonía, madre de la dicha:
Primero, no menospreciar al enemigo (el enojo), conociendo su poder; no descuidarse, estando prevenido, pues hiere con más dificultad el dardo que se ve venir.

Segundo: "palabras de buen entendimiento y razones del alma", lo que actualmente llamaríamos con tecnológica pedantería: "racionalización psicoterapéutica de los problemas afectivos".

Tercero, aceptar las adversidades de la vida con buen ánimo y saber sacar bien del mal.

En cuarto lugar: "palabras de un buen amigo"... La mejor medicina de todas -escribe- está olvidada: comunicarse con palabras. A la buena conversación (eutrapelia) da doña Oliva una considerable importancia para buscar la felicidad. Igual que al ejercicio al aire libre, donde se oiga el movimiento de los árboles y el murmullo del agua, pues "vemos a los ejercitados en el campo vivir más tiempo, y más sanos que los encharcados en las plazas".

Y por último, para recuperar la alegría, nada tan indicado como la música (la cosa más amable y que más excita el amor al hombre, fuera del hombre), más la imaginación de contentos posibles y el disfrute de placeres razonables; mejor el dormir bien en cama dura, que mal en blanda, y el poco regalo, que el mucho, y mejor el trabajar, que el holgar.

Como ejemplos de cuanto afirma y aconseja, doña Oliva echa mano de antiguas fábulas, dignas de un bestiario de Borges...

En fin, tres son las columnas que sostienen la vida del hombre: la esperanza y la alegría, que son afectos sensibles del cerebro y "el calor concertado de la armonía", que Oliva parece entender como una propiedad física del estómago. Tanto como la melancolía, hacen daño al hombre los falsos temores: la ira, la tristeza que seca el cerebro poco a poco, como la envidia, o los deseos desordenados; porque gozar lo amado da salud, pero también mata el perder lo que se ama o la ambición de cosas imposibles.

Desde un humanismo sentimental impregnado de estoicismo y epicureísmo, Doña Oliva nos previene que nos guardemos sobre todo de los desesperados; es preferible ponerles esperanza de bien, aunque sea fingida, porque son un peligro para sí mismos y para los demás. Otros afectos que conviene limitar son la congoja y el cuidado excesivo que apresura la vejez...

Aquella ilustre hija de boticario pareció comprender muy bien que no hay panacea que haga digerible el vicio; si queremos salud, alegría y la esperanza de una larga vida, vale más la sapiencia que las drogas y los fármacos: orden en la mente, prudencia en las costumbres y sentimientos de ser humano.

Toda la obra está escrita bajo este lema: "De la ciega Fortuna, únicamente la virtud puede librarnos". La Nueva Filosofía es un buen exponente de las tres ideas humanistas que nos resultan hoy más interesantes, memorables y reconstruibles:

a) la idea de que la superior dignidad del hombre reside en su libertad, en su capacidad de maniobra, en el poder que tiene para construir su destino y regular su acción. Un poder que, desde luego, no es absoluto, sino relativo. La libertad es consecuencia de la autoformación moral y del propio trabajo.

b) el armonicismo y el pacifismo (irenismo): la búsqueda del acuerdo racional como base para dirimir los conflictos mediante el diálogo, y la búsqueda de un factor común que permita la comunicación y entendimiento entre religiones o escuelas filosóficas, como la de Platón y Aristóteles, o entre los grandes maestros paganos y los cristianos.

c) la consideración de la educación como formación integral de la persona, una formación que abarca incluso el ámbito escurridizo de los sentimientos y de la sensibilidad.

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TEXTOS

El poder de la imaginación

Parece probada la influencia de Vives en la obra de doña Oliva, pero la antropología de aquél parece más dependiente de la de Aristóteles, mientras que Sabuco, por ejemplo, traspasa al cerebro todas las funciones importantes de la vida humana.

El padre Feijoo en su Teatro crítico (t. Iº, Discurso XVI) exagera la originalidad de doña Oliva:

«También parece que esta gran mujer fue delante de Renato Descartes en la opinión de constituir el cerebro por único domicilio de la alma racional, aunque extendiéndola a toda sus substancia, y no estrechándola precisamente a la glándula pineal, como Descartes».

Huarte, en su Examen de Ingenios (1575, cap. 6º), ya había dicho que "ningún filósofo duda en esta era que el cerebro es el instrumento que naturaleza ordenó para que el hombre fuese sabio y prudente".

En el siguiente texto de la Nueva Filosofía, Sabuco pone un fabuloso ejemplo del poder de la imaginación para determinar la vida humana:

Del Coloquio del conocimiento de sí mismo Título LIII. De la imaginación, la cual hace lo mismo que la Verdad.
«La imaginación es un afecto muy fuerte y de grande eficacia. Es general para todo, es como un molde vacío, que lo que le echan eso imprime. Y así, si la imaginación es de afecto que mata, también mata como si fuera verdad. Y por esto mueren algunos de sueños, soñando cosas que les quitan la vida. Y si la imaginación es de contrario que hace mediano daño, aquello es, y si de pequeño, aquello también es. Es como un espejo, que todas las figuras que vienen, esas recibe y muestra: así, si la imaginación es de miedo, daña como verdadero... También obra en el acto de engendrar, como se vido en una mujer que parió un niño con cuero y pelos de camello, porque tenía de cara de su cama una figura de San Juan Bautista vestida de piel de camello... Así el hombre lo que tiene en su imaginación (ora sea en vigilia, ora sea en sueño) aquello es para él, en tanto que si se sueñan o piensan dichosos y felices, obra en ellos como si fuera verdad. Y, por tanto, te doy este consejo: juzga el día presente por felice.»
Doña Oliva Sabuco de Nantes. Estudio y antología de Florentino M. Torner, Aguilar, Madrid (s/f), col. Biblioteca de la cultura española, V, 1, pg. 139.

El agradecimiento

“El agradecimiento es un ornato que alegra y llena al magnánimo y generoso pecho. Da placer, contento y alegría, como sea memoria del bien recibido. Hállase mucho mayor en los magnánimos que en los pusilánimes porque el magnánimo más se goza en dar que recibir; al contrario, muchos de baja y apocada naturaleza no lo tienen.”. 

Todos deberíamos ser agradecidos, aprendiendo de los animales, aún de los mitológicos... 

“Demócrito cuenta... que un niño llamado Toante, en Arcadia, había criado desde chico un dragón y cuando fue grande y espantable en su naturaleza, por no matarlo lo llevó a unas montañas donde se lo dejó. El Toante, cuando vino a ser hombre, pasando por el camino, salieron salteadores a matarlo, el cual, como acaso diese voces, afirman que el dragón, conociéndolo en la voz, salió y lo libró de los salteadores.” 1º, T. LVII.

Edición crítica de la Nueva Filosofía de Samuel García Rubio y de Domingo Henares, Albacete, 2009.



Nota bene

Aunque, a falta de una evidencia imposible, soy partidario de que la obra siga reproduciéndose genuinamente bajo el nombre de Oliva y no bajo el de su padre, Miguel Sabuco, como en la magnífica edición de 2009, diré que fue un libro de Domingo Henares el que despertó mi interés por la Nueva Filosofía. Una obrita magistral que rescaté de un anticuario y que está dedicada por Domingo con verdadero agradecimiento, afecto y esperanza de bien a su maestro Antonio Campayo.

Para un acercamiento rápido, didáctico y ameno a la Nueva Filosofía, Eduardo Ruiz Jarén: Oliva Sabuco de Nantes. Filosofía, ciencia y mujer en el renacimiento del sur, 2006, obra reeditada con el título de Oliva Sabuco: filosofía y salud, con prólogo de J. Biedma L. 

Eduardo Ruiz Jarén nos dejó prematuramente el 10 de septiembre de 2009. Por desgracia no podrá acudir el 26 de abril a Alcaraz para celebrar que su Biblioteca sea bendecida con el ya mítico y legendario nombre de Oliva Sabuco.


A los nombres que ya han salido aquí sobre las estudiosas contemporáneas de la obra hay que añadir los de Oliva Blanco Corujo que a mi parecer sostiene la autoría de Oliva bajo el bonito adagio italiano: Se non è vero è ben trovato (gusto que le alabo), y que ha publicado una biografía de su tocaya en Alemania; Damaris Otero-Torres que ha estudiado las dislocaciones entre texto femenino y autoría masculina, así como la filosofía política de la obra; y Beatriz Cruz Sotomayor, que ha estudiado la relación entre el Examen de ingenios de Juan Huarte y la Nueva Filosofía (en cuyo contraste profundizó muy bien Rosalía Romero en la monografía antes citada). 

No afectaré modestia y sí citaré mi trabajo "Raíz y actualidad de la Nueva Filosofía de la Naturaleza del Hombre, no conocida ni alcanzada de los grandes filósofos antiguos (1587)", publicado en Barcarola, Abril 2008 (Albacete) - Número 71/72, pgs. 175-182.